COMERCIO INFORMAL Y NEGOCIOS TURBIOS

Siempre que legisladores y gobernantes se refieren al comercio informal, lo asocian con problemas como la evasión fiscal y la piratería, y generalmente recomiendan la aplicación de medidas represivas y punitivas para lograr su total control y exterminio. Ignorantes o perversos, o ambas cosas a la vez, los políticos eluden el análisis serio de las causas y ocultan las aportaciones positivas que para la economía y para la paz social han producido los comerciantes informales a lo largo de las últimas décadas.

También algunas poderosas organizaciones empresariales financian campañas publicitarias fingiendo promover la criminalización y persecución del enorme gremio que encubiertamente utilizan para distribuir y comerciar sus productos. Así ocurre también en la llamada reventa de boletos para espectáculos deportivos y artísticos, que no existiría si no fuera organizada y protegida por los mismos empresarios que se benefician con la elevación de precios libres de fiscalización.

Válvula de escape para las tensiones sociales derivadas de la falta de empleos, que se complica, en diabólica combinación, con la carestía galopante y la complejidad burocrática, el trabajo de los llamados vendedores ambulantes también se ha convertido en mina de oro para algunos funcionarios. Y eso si es un verdadero foco de corrupción y deshonestidad, una fuente inagotable de corrupción y dinero sucio que enriquece a unos cuantos que, además se exhiben públicamente como justicieros persecutores de la ilegalidad.

Las calles que forman el llamado Centro Histórico o Primer Cuadro de la ciudad de México son un vivo ejemplo de la doble moral con que las autoridades aplican leyes y reglamentos. En una aparente campaña de regularización han expropiado y acondicionado viejos edificios para convertirlos en plazas y pasajes comerciales, con la promesa de alojar a los comerciantes desplazados de calles y banquetas. Esto, aparte de los oscuros negocios inmobiliarios, genera enormes ganancias en complicidad con un puñado de líderes que se han enriquecido demencialmente y han escalado políticamente hasta penetrar en los propios aparatos legislativos de la ciudad.

Comerciantes semifijos instalados en vías públicas como Correo Mayor, Carmen, Venustiano Carranza, San Ildefonso, Alhóndiga o Del Apartado, junto con otros instalados en diversas plazas de las mismas zonas, al ser entrevistados por unomásunopidieron conservarse en el anonimato: “si se enteran Serrano o Romero, no nos la acabamos”, “nos avientan un operativo, y con un par de grapitas que nos siembren, pa’que quieres, al tambo por el resto”, “mejor le seguimos cayendo con la cuota, aunque apenas nos quede para vivir al día”, “las plazas son negocio de los líderes que nos cobran y nunca nos han entregado la documentación” coinciden varios de ellos, bajando la voz y disimulando la mirada.

Seguramente el Jefe de Gobierno, doctor Miguel Mancera, ya tiene conocimiento de esa situación, al reconocer que el comercio es un pilar fundamental de la economía y desarrollo de la ciudad de México, y al anunciar que se dará seguimiento a las acciones de los jefes delegacionales para la recuperación del espacio público, el ordenamiento de la actividad comercial y la transformación de lo informal hacia lo formal, especialmente en las zonas de la colonia Morelos y Tepito,

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