LA VERDADERA PEREGRINACION

rodegarius
La civilización no suprimió la barbarie; la perfecciono e hizo más cruel y barbara. Voltaire.

¡Verdadera travesía! es viajar en esos enormes escarabajos
gigantes, de patas redondas de caucho, con sus aromas
penetrantes harto exóticos, conducidos por su guía domador de
bestias mecánicas y acompañado casi siempre por su fiel e
inseparable sancho, ese gritón que cuelga como apéndice por la
puerta de entrada al mundo del vértigo, el peladaje lo conoce
con el seudónimo de cacharpo y que en mancuerna infernal o
dúo del asfalto, luchan palmo a palmo y de luna a luna por
ganarle las boronas de alimento al coleóptero que viene detrás
de ellos en carrera vertiginosa y mortal.

Con movimientos bruscos de arranque y frenos de disco abs, los
viajantes se tambalean de un lado a otro en todo su recorrido,
claro que no puede faltar el acompañamiento musical que
siempre es a gran volumen y de ritmos chun-chun-tateros. Así es
como da inicio la odisea diaria de millones alrededor de las
tierras del Anáhuac, para inmediatamente terminada pasar por la
escalera bidimensional al centro de la tierra, donde el nematodo
rey supremo mandante de las profundidades espera ansioso, y
como axioma hermético, para cuando se pone el sol, el péndulo
viene de regreso. Ahí en lo profundo de la tierra, se vive una
tragedia griega más, donde el Gran Gusano, con sus movimientos
elegantes se desplaza velozmente a lo largo y ancho de su
guarida, entre sus túneles grisáceos, oscuros y decorado en sus
paredes con franjas de colores chillantes maltratadores de
retina, grandes antorchas cilíndricas iluminan las entrañas
cavernosas de su territorio.

El Gran Gusano de piel acerada, ciego, invertebrado con
movimientos robóticos y de cien pies ahulados que camina solo
entre sus rieles de hierro electrificados, sirve de transporte a
miles de seres día con día. La luz es segadora cuando algunos
llegan a verla y chillante su llegada a cada puerto o punto de
reunión.

Los pasajeros cotidianos, sufren las inclemencias de las altas
temperaturas que en sus adentros se elevan hasta llegar a ser
sofocantes. En los ojos de los viajeros se puede ver la distancia,
algunos distraídos, somnolientos, desaliñados, obesos y
espigados, también podemos observar otros rasgos en los
viajantes, sagaces, vivales y pechones que se aprovechan de las
condiciones de sus congéneres para venderles sus artículos de
oferta de la nada, para esto se valen de la distracción de una
sub-especie dedicada al orden dentro de las cavernas, andenes y
pasillos del magno nido.

Caras tristes, apuradas y cansadas podemos apreciar a lo largo de
todo el recorrido, miradas perdidas y otras que piden
fervorosamente auxilio. De sus conductos, entran y salen bípedos
mamíferos disfrazados con atuendos sintéticos, también algunos
portan aparatos especiales de vista laser y matutina, se escuchan
confesiones en el trayecto y pareciera que fuera de interés
comunal, ya que la mayoría no pierde detalle de dicha narración.

Como hormigas vemos a estos seres diariamente invadir, asechar y
sitiar los alrededores, destruir cual célula cancerígena todo a su
paso, instalaciones, asfalto, paraderos y más. Una contaminación
visual y auditiva se vive diariamente, decoran paredes, suelos y
todo lo que este a su alcance. El espacio del medio ambiente se
ve, oye y huele a descomposición. Por estos alrededores pasan
de todo tipo de especies, profesionistas, estudiantes, amas de
casa, niños, comerciantes, ladrones y hasta policías, ambulantes
y técnicos especializados en el acarreo sistematizado de
conductores de energía eléctrica con recubrimiento plástico,
transitan sin cesar dejando a su paso destrucción, ruina y
desgracia.

Quimeras de hermosas estructuras óseas, que con pasos
alargados y movimientos bamboleantes, se desplazan al interior
provocando miradas lascivas y tocamientos hostiles, lujuriosos e
incómodos. Estas víctimas de esa especie en descomposición
perpetua, buscan en algunos casos un lugar en el sector
destinado especialmente para féminas y también para esos
pequeños remplazos en crecimiento de la especie, llamados
amorosamente niños. Ya que los individuos antes mencionados
dedicados expresamente a la seguridad en el interior, vestidos
con unos uniformes de tonos azules y chalecos fosforescentes,
(deslúmbrame y mata mi iris) pertenecientes a la hermandad azul,
son incapaces de sus más básicas tareas, parecen mas espías del
gran Pacha que agentes de seguridad al servicio de sus pares.

Al interior en sus fríos pisos de mármol encontramos a esa
generación intermedia denominada nini y otras tribus mas,
pertenecientes a diferentes sub-especies de la misma raza,
obstruyendo el paso de la fuerza laboral, aquellas columnas que
sostienen el ya muy golpeado territorio. Estos ninis se comunican
con otros ninis y de mas sub-géneros por medio de ese aparato
inalámbrico digital de intercomunicación personal llamado
teléfono galáctico o celular.

El hurto de pequeñas bolsas unisex con diseños modernos que
sirven para el guardado de esos trozos de papel moneda y de
tarjetas plásticas magnetizadas, que generalmente se usan para
el intercambio de enseres, víveres y servicios varios, son común
en los intestinos del gran gusano.

Todo esto y mas sucede bajo la mirada penetrante y siempre
alerta del ojo mecanizado de esas pequeñas cajas circulares
(esferas) instaladas en su interior.

Y esto, es solo el principio…

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