Juicios y prejuicios

Estabilidad laboral, solución al conflicto magisterial

Las protestas, marchas y plantones que los maestros realizan en la Ciudad de México, pueden derivar en una rebelión campesina de magnitudes insospechadas si el gobierno (y el Congreso) no dan marcha atrás a la reforma educativa y a sus leyes reglamentarias, que pretenden imponer una modernización que no corresponden a un contexto cultural real, advierte el doctor Lorenzo Aldrete, quien considera que el conflicto magisterial se resolvería si se le garantiza a los maestros que tendrán estabilidad en su trabajo.

El doctor en Derecho y experto en seguridad aclara que la presencia de los maestros en la capital del país es por estar en contra de que se impongan una reforma y unas leyes alejadas de la realidad que llama campesina, porque “hay municipios en este país donde los alumnos ni siquiera hablan el español, y se les quiere ya enseñar el inglés; hay municipios que tienen como único combustible la leña y les quieres llevar el internet, y les quieres poner sistemas de cómputo como parte de una modernidad cuyas condiciones no están dadas en México”.

Pero además, reclaman lo que considera justo para campesinos que no han sido profesionalizados en décadas, al margen de que en estos momentos ciertos líderes de una sección de la CNTE (XXII) estén siendo las cabezas visibles, y dicen: no quiero comprometer mi plaza, ayúdame, me profesionalizo, mejora mis condiciones de enseñanza, y vuelvo a las aulas.

Reconoció Aldrete Bernal que su presencia, marchas, protestas y plantones han molestado a los habitantes de la Ciudad de México, quienes no quieren que estén causando este gran daño al comercio y al turismo, “pero si las leyes no tienen una fuerza de represión real porque cuentan con un apoyo social mayoritario, entonces hay que cambiar esas leyes y si estas no son cambiadas, entonces va a seguir el problema en la Ciudad de México”.

Quien fuera Presidente de la Comisión de Seguridad Pública de la Confederación de Cámaras Industriales (Concamin) y presidente de la Asociación de la Industria de la Seguridad Privada, afiliada a Concamin, cuestiona la actuación de las autoridades federales y del gobierno del D.F., y si alguna respondiera si la presencia de la CNTE es un problema del ejército o de la policía.

“Porque si el problema es ese entonces que intervengan de manera conducente. Pero si el problema es de otras dimensiones, entonces tienen que ceder y tienen que mostrar un acto de humildad ante un movimiento social que puede tener todas las raigambres, desde el narcotráfico hasta de grupos extranjeros que los estén financiando, hasta ciertos grupos políticos, grupos empresariales que tengan intereses en ciertas zonas rurales y que también estén ahí buscando llevar agua para su molino”.

El doctor en Derecho y ex catedrático de la Facultad de Derecho de la Universidad Lasalle, en esta capital, lamenta que los servicios de inteligencia del Estado mexicano brillen por su ausencia y que el CISEN (Centro de Investigación y Seguridad Nacional) y no funcione, que se carezca de información sobre los grupos sociales rurales y no haya un acercamiento a estos, lo que impide que se midan las condiciones sociales que imperan en el país, “y antes de querer llegar a una modernidad estilo europeo, entendamos qué clase de país somos, porque lo hemos convertido en uno de arrabales”.

No le extraña que la presencia de los maestros provoque malestar citadino, ya que más allá de las visitas a museos y zonas turísticas de la ciudad, si un extranjero visita cualquier delegación de la ciudad, se topará con los asentamientos de verdadero deterioro urbano que proliferan por doquier.

“Esa es la población campesina que ha seguido llegando, que se ha arraigado en la ciudad y que ha generado formas de ilegalidad toleradas (ambulantaje, venta de piratería y contrabando o robado) porque es la única forma que los gobiernos de la ciudad han podido gobernar. Entonces, tienes tú la ocupación de vialidades con gigantescos tianguis los fines de semana, la venta de productos que no pagan absolutamente ningún impuesto y todo esto porque es un tipo de población que hay que mantener fuera de la rebelión”.

Por lo tanto, la ocupación del Zócalo, las marchas y plantones de los trabajadores de la educación no es un problema de seguridad pública, es un problema de mala legislación, no porque la ley en sí misma sea incoherente, sino porque es inaplicable en el país en los términos en que está planteada.

Entrevistado en su oficina de la colonia Polanco, el miembro de número de la Academia Mexicana de Derecho Internacional expuso que si se asegura a los maestros que mantendrán sus plazas, la ciudad se limpiaría ya. “Y si se establecen programas reales donde se constaten mes a me cómo están mejorando las instalaciones docentes en los municipios, cómo se está ejerciendo el presupuesto, estos maestros van a mejorar”.

Es la única manera de que se pueda recuperar la tranquilidad y pasar a otras cosas, porque de otra manera meterse con la vida rural deteriorada, fracturada, marginada para imponer a los campesinos criterios de evaluación donde entra el darwinismo social: “sólo los más aptos van a prevalecer” y ahí están los resultados, la inconformidad magisterial, razona el experto en seguridad.

Para el catedrático “los responsables de lo que pasa en la Ciudad de México, esta es mi conclusión son los legisladores, estos son los verdaderos responsables, por insensibilidad ante un problema que no se puede reprimir. Y este es un asunto de gobernabilidad básica”.

Y para corregir el problema magisterial, se requiere, dice Aldrete, con un gesto de humildad de las autoridades y de los legisladores, porque “todos queremos una mejor educación sí, todos queremos profesores profesionales, sí, pero no vayas a meterte con la estabilidad de por sí precaria del agro mexicano por presiones de la OCDE, por presiones internacionales para que México aparente ser un gran país de modernidad y tenga braceros bilingües…”.

Para el maestro Lorenzo Aldrete, el problema es campesino no solamente docente, además de que “se vive la crisis de una democracia de partidos que genera ingobernabilidad, que genera formas de malestar social, que los ciudadanos tenemos que padecer (marchas, plantones bloqueos), entonces, los legisladores ocupan la cabeza bajo este discurso de que sólo estamos haciendo leyes maravillosas y aquí están estos desarrapados, estos simiescos, que no entienden la modernidad. Ya legislaron, ya se abrazaron, ya festejaron los legisladores. Ahora cómo se resuelve el problema en las calles? Y otra cosa, ¿van a implementarse estas leyes? No se van a implementar”.

No se van a implementar, pero hay que reformarlas, dices, o hay que derogarlas?

-La única reforma  es esta: no están en juego sus plazas, porque entramos en escenarios, aunque les duela a los legisladores, de usos y costumbres, y yo prefiero gobernabilidad, diálogo, y mejoría real de las condiciones docentes sin un ridículo Instituto Nacional de Evaluación que aunque haya dicho el secretario de Educación –Emilio Chuayffet- que va a estar adaptado a la realidad de cada municipio, prefiero quitar esas estructuras totalmente superficiales y dar apoyos, no de limosna, reales de mejoramiento de estos profesores y de las escuelas. Y si hay esa garantía el día de hoy estos campesinos regresan a sus aulas.

(CONTINÚA)

 

UNA REFORMA HACENDARIA PARA LOS MISMOS

La reforma hacendaria que presentó el presidente Enrique Peña Nieto, no dejó satisfechos a todos, pero cumplió con lo que postulamos de que no se aplicara el IVA a alimentos y medicinas, la eliminación del régimen de consolidación fiscal y la eliminación del IETU y del IDE.

También se eliminarán los tratamientos especiales y los regímenes preferenciales para las empresas. Y se gravarán las ganancias empresariales y las utilidades en la Bolsa Mexicana de Valores, con un impuesto del 10%

No fue lo que todos esperábamos aun cuando Peña Nieto la anunciara como una reforma de carácter social porque auguró que con ella se reducirían los elevados niveles de desigualdad, y que se promovería el desarrollo y la formalidad.

Pero finca una reforma hacendaria en cobijar a los pobres descobijando a la clase media, una clase en peligro de extinción y que ha visto mermada su capacidad de sobrevivencia en las últimas décadas. Porque impone impuestos en las colegiaturas, la renta de inmuebles, los alimentos a mascotas, el transporte foráneo, refrescos y gasolina. Y que incrementan el costo de vida de la clase media “pudiente” en un 10%. Y eso a la clase media alta que pudiera tener la capacidad de pagar esos impuestos no así la clase media media y la clase media baja.

No será mediante incentivar a las empresas como se promoverá el desarrollo porque no solo se mantuvo en 30% el ISR sino que se incrementará a 32% si los ingresos anuales son superiores a los 500 mil pesos, que le pegará a los que trabajen con sueldos superiores a los 50 mil pesos mensuales y que pueden ser de la clase media alta.

Y en una época de recesión económica una reducción de impuestos hubiera sido una mejor medida para que los empresarios, sobre todo los medianos tuvieran oportunidad de invertir utilidades no solamente en la recuperación sino en un proceso de crecimiento.

En la nueva reforma hacendaria no hubo ni imaginación ni capacidad para ampliar la base gravable sino que se limitó a gravar a los mismos y particularmente a las clases medias y los trabajadores, afectando severamente a las micro y pequeñas empresas debido a que plantea la desaparición del Régimen de Pequeños Contribuyentes conocidos como Repecos, por lo que éstos pasarán al régimen general de ley.

Lo anterior obligará a los micro y pequeños empresarios a cumplir con todas sus obligaciones de forma y pago, lo cual complicará la administración de los negocios pues deberán contar con una estructura más complejo para llevar una contabilidad, elaborar facturas electrónicas, llevar controles de inventarios y presentar declaraciones.

En nuestra anterior columna planteábamos la necesidad de simplificar la declaración de impuestos de manera que no fuera necesario recurrir a los especialistas, pero no se tomó en cuenta, y al contrario se hará más difícil cumplir con el fisco.

Si el gobierno de Peña Nieto quería con esta reforma hacendaria impulsar la formalidad, muchos de los repecos podrían pensar en pasarse al otro lado  y engrosar las filas de la informalidad, al menos poner lo que le faltó al gobierno, imaginación y capacidad para eludir y evadir impuestos.

Por otra parte, se homologará el IVA en la frontera donde se pagará a partir del próximo año el 16% que rige en todo el país, y no el 12%, en perjuicio de los pequeños y medianos empresarios que difícilmente podrán competir con sus pares del otro lado de la frontera, donde se cobra solamente el 8% de IVA.

Y lo que causó un impacto particular fue la propuesta de modificación a los artículos 4 y 123 constitucionales para implantar la pensión a los trabajadores mayores a los 65 años y que no hayan cotizado en ningún fondo y que carezcan de la misma. Y también un seguro de desempleo para los trabajadores que hayan perdido su empleo formal.

Dos medidas cuestionables no tanto la pensión sino el seguro que en países como Grecia fue uno de  los factores que agudizaron la crisis en la que cayó y que debieron de reducirlas porque el gobierno ya no tuvo la capacidad de cubrirlas.

Para lo anterior y para el acceso universal a servicios de salud (Seguro Popular) se deberán canalizar parte de los recursos del presupuesto, que contempla un déficit de 1,5% del PIB y apenas un crecimiento del 3.9%, lejos de países y economías que le apostaron al crecimiento como los cuatro tigres o al menos China.

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