CONFIDENCIAL

leopoldo mendivil
Por Leopoldo Mendivil

Corroborar vs analizar

LIC. MIGUEL OSORIO CHONG,

SECRETARIO DE GOBERNACIÓN:

+Cada suicida sabe dónde

le aprieta la incertidumbre

Mario Benedetti

Mi amigo y colega, el economista y periodista Héctor Barragán tiene, también, algo de filósofo y hace bien, porque la filosofía hace énfasis en los argumentos racionales por sobre los argumentos de autoridad y todo político debe confrontar su autoridad con la racionalidad, para que sus decisiones le resulten mejores.[

El jueves pasado, Barragán intituló su comentario Creencias que nos enfrentan; y como los últimos acontecimientos nos han enfrentado, al menos a los capitalinos si no es que a muchos más mexicanos a una situación que se contrapone a nuestra tranquilidad, considero importante reproducir sus líneas, a ver cuántos de nosotros tenemos el valor de confrontarnos a nosotros mismos. Escribió Barragán:

“En estos tiempos de agitación es recomendable la lectura de La inteligencia fracasada, del filósofo español José Antonio Marina. ‘El fracaso de la inteligencia, dice, aparece cuando alguien se empeña en negar una evidencia, cuando una creencia resulta invulnerable a la crítica o a los hechos que la contradicen, cuando no se aprende de la experiencia, cuando se convierte en un módulo encapsulado…’ Parece una verdad de Perogrullo, pero no lo es. Este fenómeno ocurre cuando los humanos dejamos de vernos como semejantes, ya sea por las diferencias sociales (desigualdad) o por la ideología. Entonces fracasa la inteligencia social: el diálogo se interrumpe y, por tanto, naufraga la sociedad. Por ello vale la pena detenernos en sus observaciones sobre tres comportamientos: el prejuicio, la superstición y el dogmatismo.

“‘El prejuicio -anota el pensador- se caracteriza por seleccionar la información de tal manera que el sujeto solo percibe aquellos datos que corroboran su prejuicio… De esta forma se ha inmunizado contra toda posible crítica…’ Acerca de la superstición, anota, ‘… es etimológicamente la supervivencia de una creencia muerta, desbaratada, injustificable, pero que sigue influyendo en un sujeto que con frecuencia trata de justificar, si no la creencia, al menos su aceptación…’. En pocas palabras, la superstición son las ganas de creer. Le sigue el dogmatismo que ‘aparece cuando una previsión queda invalidada por la realidad, a pesar de lo cual no se reconoce el error sino que se introducen las variantes adecuadas para poder mantener la creencia previa, que es de lo que se trata. Es así como se allana el camino para el fanatismo, que es una defensa de la verdad absoluta y una llamada a la acción…’

Voltaire -recordó Barragán– definió al fanatismo como ‘un celo ciego y apasionado que surge de creencias supersticiosas y produce hechos ridículos, injustos y crueles; y no solo sin vergüenza ni remordimiento de conciencia, sino además con algo semejante a la alegría y el consuelo. El fanatismo no es más que la superstición llevada a la práctica’. Es el fracaso del diálogo, la comprensión y el entendimiento. Esta incapacidad de aprender, observa Marina, es muy común y cita a Kissinger, quien dijo que ‘los políticos, al llegar al gobierno, no son capaces de aprender nada que vaya contra sus convicciones…’. Al final del día, el mundo es movido por creencias que sirven para interpretar la información y evaluar lo que nos pasa; y son las que dan contenido a nuestros sentimientos y expectativas: la creencia es el paso previo a la acción.

“Ergo, cabe un llamado a que los mexicanos revisemos críticamente nuestras creencias”.

Hasta aquí el último, corto pero profundo comentario de este periodista que, como tal, va al fondo de su propia convicción de economista, la ciencia que “se vale de la psicología y la filosofía para explicar cómo se determinan los objetivos”, y pretende indagar a dónde nos están arrastrando los subjetivos.

La circunstancia que ha dominado durante las últimas semanas la vida en la Ciudad de México, capital de la República, sede de los Poderes Federales, el conglomerado más amplio, culto, informado e influyente de todo el país a pesar de todas sus contradicciones y corruptelas, nos hace ver con desprecio a esa runfla de pseudomaestros ignorantes, radicales y violentos que han venido a exigir respeto a todos sus ‘derechos’ adquiridos mediante la coacción a las autoridades de sus comarcas estatales. Un razonamiento certero a medias, porque sus autoridades estatales les han otorgado esos derechos por la comodidad que les brinda ceder…, pero en los bueyes de la autoridad superior, la federal, la aprovisionadora de casi todos los recursos económicos del gobierno del país que, a su vez, ha dejado a los locales otorgar contra lo que la ley le permite. Partimos, pues, de un desgobierno de muchos años que ha generado a su vez culturas como el prejuicio, la superstición y el dogmatismo a que se refirió Marina y que han hecho presa de casi todos los mexicanos.

Entonces fracasa -concluyó Marina la inteligencia social: el diálogo se interrumpe y, por tanto, naufraga la sociedad…

Es la realidad que estamos viviendo y no se arregla cargando contra la runfla de pseudomaestros que vinieron a exhibir parte de la descomposición social, ética y política que nos aqueja; con ellos incluidos…

Es tiempo, pues, de entrar al fondo de esta situación si queremos que la oferta del nuevo país que ha hecho el gobierno en turno, cristalice en un cambio digno de disfrutar y no en nuestro naufragio social.

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