Que le brinquen con lana

guillermo robles

Terminada las fiestas patrias, las manifestaciones de los docentes ahora a quien le queda es al Gobierno Federal para continuar esa cortina de humo como distractores ante cada una de las reformas en sus diferentes rubros siendo la hacendaria el talón de Aquiles para los contribuyentes.

 

Todo indica que el próximo tema distractor para hacer tiempo y salgan las reformas como el ejecutivo quiere, es la tragedia vivida por los huracanes “Ingrid” y “Manuel”, cobrando la vida de 101 personas registradas hasta la semana pasada, dejando a decenas de miles de damnificados, y no se tiene cuantificado con exactitud los destrozos de viviendas, comercio y edificios públicos.

 

De una manera directa o indirecta, se ha venido usando la desgracia de un fenómeno natural para sus propios propósitos publicitarios, tanto como diferentes partidos sin importar el color, como comunicadores que tal es el caso de la peruana, Laura Bozzo, dejando entre dicho su propósito altruista bien señalado por la periodista Carmen Aristegui. He conocido gente que ha hecho mucha labor comunitaria del cual aun teniendo el poder económico para publicarlo en los medios y así aminorar algún golpeteo periodístico y no lo hacen, por una sencilla razón. Porque se pierde el sentido humano de servir con el corazón y humildad, pero sobre todo por considerarse como algo muy personal el no recibir reconocimientos de ningún tipo más que el de uno mismo. Ese era el pensamiento del empresario Oscar Cadena Coss, cuando un día le pregunté el por qué no publicaba nada sobre una cantidad infinita de fotografías haciendo entrega de sillas de ruedas, despensas o cualquier otro tipo de ayuda comunitaria en una de las muchas pláticas entabladas durante esas reuniones de comida mensuales y diciéndome: “Si vas a dar algo o ayudar a alguien, no esperes reconocimientos porque se pierde la esencia”.

 

En éste caso, el fenómeno natural presentado en nuestro país, no se vale que a costa de la desgracia de muchos se quiera o pretenda aprovechar de cualquier manera y mucho menos el buscar culpables como consecuencia de la inadvertida sobre el peligro que representaban los dos fenómenos naturales mencionados por parte de Protección Civil.

 

Como dice el dicho “no le estés dando vuelta al malacate porque se te enredan las pitas”, porque la realidad de las cosas es que Protección Civil el noventa por ciento de sus funciones son omitidas por las mismas autoridades de todos sus niveles. Nunca son considerados para la autorización de proyectos de las zonas residenciales de cualquier nivel, ni tampoco se les brinda el suficiente apoyo para poder desalojar aquellas viviendas cercanas a ríos de alto riesgo para fenómenos naturales, porque cuentan con los permisos de vivienda quedando desarmados ante cualquier observación.

 

Protección Civil nada más figura dentro de las normativas estatales y municipales pero sus participaciones antes de que se construya un complejo de vivienda, establecimiento comercial e industrial, son nulos porque entorpecen intereses o sus indicaciones elevarían el costo de cualquier proyecto ambicioso. Solo son requeridos para algún tipo de campaña de imagen para decirle a la sociedad que dicho gobernador o alcalde está haciendo algo vendiendo esa sensación de seguridad.

 

Por desgracia solamente son requeridos después de que el niño se ahogó, es decir, cuando una discoteca, casino, guardería o cualquier negocio se incendió sin importar si se pierde lamentablemente la vida de alguien, hasta entonces es cuando se hacen campañas para verificar las rutas de evacuación, salidas de emergencia, extintores de fuego, etc., pero siempre cuando pasa los accidentes es cuando se acuerdan de Protección Civil y sus recomendaciones que nunca son escuchadas. No existe un programa preventivo con apoyo de las autoridades para tomar medidas administrativas para acatar las normativas existentes dentro de los reglamentos municipales y estatales.

 

Para qué el Gobierno Federal busca culpables si ahí los tienen plasmados en cada proyecto de planeación urbana, en donde es claro que no se utilizaron drenaje pluvial de acuerdo a la cimentación que correspondía porque por ahí alguna vez fue el cauce de un río o la compactación adecuada, pero como son obras que no se ven ni quien diga pío y nada más son recordadas cuando la madre naturaleza cobra la factura de la irresponsabilidad de nuestros gobernantes y sus grandes obras que en apariencia refleja una modernidad.

 

Para qué ponerle nombre o señalamientos a la misma negligencia provocada por la misma autoridad, ahorita no son los tiempos para eso sino puros distractores, cuando en estos momentos lo más importante es ayudar a nuestros hermanos que están pasando por momentos difíciles. Que mejor le brinquen con la lana para reparar el daño que ellos mismos causaron por permitir una mala planeación de las ciudades. (Premio Estatal de Periodismo 2011 y 2013) www.intersip.org

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