Ana Betancourt, pionera en la emancipación de la mujer cubana

Ana Betancourt Agramonte

Camagüey, Cuba (PL) Ana Betancourt Agramonte fue una cubana se adelantó a su tiempo y trascendió en la historia al solicitar en acto público, en 1869, la concesión a la mujer de igualdad, derechos políticos y económicos.

Nació el 14 de diciembre de 1832, como sexta hija de Diego Betancourt y de Ángela Agramonte. La infancia y adolescencia se desarrollaron en Santa María del Puerto del Príncipe, hoy Camagüey, a unos 570 kilómetros al este de La Habana, en un ambiente tradicional de la clase acaudalada criolla a la que pertenecía.

Recibió la instrucción correspondiente de religión, labores de costura, bordado, tejido, música y economía domestica. Sobresalió por su vivacidad y exquisitez.

El 17 de agosto de 1854, con casi 22 años, contrajo matrimonio con Ignacio Mora de la Pera, hombre culto de ideas avanzadas.

Ignacio había ayudado a Ana a emanciparse de la ignorancia en que se encontraba sometida la mujer de esa época y a despojarse de los rezagos de la educación lugareña. Le enseñó idiomas, gramática e historia; quería no solamente a una esposa apasionada, sino también a la compañera inteligente y cultivada.

Ana no tuvo una educación universitaria, pero adquirió muchos conocimientos con su esposo, pero además había sentido en carne propia la explotación y la discriminación a que estaba sometida la mujer.

 

LUCHA EN LA MANIGUA

Ella convirtió su casa del Camagüey legendario en centro de conspiración en la Guerra de los Diez Años -que comenzó el 10 de octubre de 1868 contra los colonialistas españoles-, hasta que abandonó su ciudad natal el 4 de diciembre de ese año para reunirse con su esposo y compartir las penalidades de la manigua.

Mora fue uno de los primeros patriotas que se alzó en armas, al producirse el levantamiento de los camagüeyanos en Las Clavellinas, en el nordeste de la otrora villa de Santa María del Puerto del Príncipe, el 4 de noviembre de 1868.

Según el licenciado en historia Manuel Benavides, cuando la patriota se incorporó a la lucha no era una jovencita: iba a cumplir 36 años y las condiciones en la manigua eran muy difíciles para una dama de la clase adinerada.

“Y ya para marzo del 69 se encontraba viviendo en Guáimaro, junto con su esposo que estaba muy delicado de salud”.

Ambos, además, tenían conocimiento de los preparativos de la Asamblea de Guáimaro, reunión cumbre de los patriotas cubanos alzados en armas en Oriente, Camagüey y Las Villas, que sesionó entre el 10 y el 12 de abril de 1869.

Era un encuentro secreto, pero los insurgentes más connotados sabían lo que se estaba fraguando.

 

IGUALDAD PARA LA MUJER

El 14 de abril de 1869 -unos días después de la Asamblea Constituyente-, en un mitin celebrado en horas de la noche, en una callecita de la Plaza de Guáimaro, la camagüeyana, adelantándose a su tiempo, solicitó se le concediera a la mujer igualdad, derechos políticos y económicos:

“La mujer cubana en el rincón oscuro y tranquilo del hogar esperaba paciente y resignada esta hora sublime en que una revolución justa rompe su yugo, le desata las alas. Todo era esclavo en Cuba: la cuna, el color, el sexo. Vosotros queréis destruir la esclavitud de la cuna, peleando hasta morir si es necesario”.

Afirmó Benavides que aunque Ana no participó en la reunión de los patriotas, en ese otro escenario sí reclamó los derechos de la mujer. “En la asamblea de Guáimaro solo participaron los 15 diputados electos a la convención; ni Ana ni su esposo eran delegados”.

Carlos Manuel de Céspedes, el Padre de la Patria, expresó a esta precursora de los derechos sociales y políticos de las mujeres en Cuba: “El historiador cubano, al escribir sobre este día decisivo de nuestra vida política, dirá cómo usted, adelantándose a sus tiempos pidió la emancipación de la mujer”.

Tras celebrarse la Asamblea Constituyente, Ana decidió quedarse a vivir en Guáimaro, pero los españoles planearon tomar la ciudad y entonces la población prefirió quemar todas las edificaciones y las viviendas antes de dejarlas en manos de los soldados.

 

LUCHA POR LA LIBERTAD

Junto con su esposo que se encontraba gravemente enfermo, Ana abandonó la ciudad y fue a vivir a la manigua, pero el 9 de julio de 1871 resultaron sorprendidos por fuerzas enemigas.

Ella cayó prisionera del gobierno español y fue separada de su esposo, a quien le solicitó con ternura pero con firmeza: “Por mí y por ti, lucha por la libertad”

El 3 de noviembre se decidió deportar a esta digna mujer a España, donde soportó toda clase de privaciones y dolores, hasta recibir la fatal noticia de la muerte del compañero de su vida.

Nunca dejó de combatir por la independencia de Cuba y brindó ayuda, en Madrid, a todo patriota cubano que fue deportado.

Ana conoció a José Martí, recibió cartas del héroe nacional cubano, a quien admiró mucho. De él, escribió: “Mediante su palabra vibrante, transmitía al alma de sus oyentes sus sentimientos… “.

El 7 de febrero de 1901, a los 68 años de edad, cuando se disponía a regresar a Cuba, falleció en Madrid, España, de una bronconeumonía fulminante. Sus restos estuvieron en ese país europeo hasta 1968.

A través de una gestión de la heroína cubana Celia Sánchez Manduley, se trasladaron para el panteón de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, en el cementerio de Colón, en La Habana.

A partir de ese momento se estuvo estudiando la idea de que por ser conocida Ana Betancourt debido a ese histórico discurso, el cual la convirtió en pionera de la emancipación de la mujer en Cuba y posiblemente en América, sus restos debían descansar en Guáimaro.

El 10 de abril de 1979, en el contexto del 110 aniversario de la Constitución de Guáimaro, Manuel Pena Benavides explicó a Blas Roca Calderío, que se desempeñaba como presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular, la necesidad de erigir un mausoleo para perpetuar la memoria de esta mujer. Se inauguró tres años más tarde.

La licenciada María del Carmen Portuondo lo ve como un símbolo universal de las aspiraciones de la mujer: “Tener un mausoleo como el de Ana es algo maravilloso. Las visitas al museo de la Constitución terminan precisamente en ese digno sitio, que deviene hermoso complejo monumental”.

Ana Betancourt de Mora se adelantó a su época; fue una luchadora de su tiempo y de todos los tiempos.

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