Espectro de Guerra Fría entre Rusia y EE.UU. en 2013

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Por Jorge Petinaud Martínez

Moscú (PL) Una frase reciente del presidente ruso, Vladimir Putin, en alusión a un posible encuentro con su par estadounidense, Barack Obama, resume las contradicciones geopolíticas y la tensión que volvieron a caracterizar en 2013 las relaciones entre Washington y Moscú.

El jefe del Kremlin aseguró que los encuentros de alto nivel con el mandatario estadounidense se concretarán cuando madure la necesidad.

Según Putin, continúan los contactos por la línea de las cancillerías y los ministerios de Defensa, pero sugirió trabajar con más efectividad en el área económica, para oxigenar el intercambio comercial, en picada por segundo año consecutivo.

Contrastó el estadista la contracción del comercio bilateral de 31 mil millones de dólares el año anterior, con los 28 mil millones, calculados de saldo para 2013.

Putin y Obama no pudieron ocultar sus diferencias en relación con el conflicto sirio durante su primer encuentro en la cumbre del G-8 en Enniskallen, Irlanda del Norte, en el mes de junio.

Mientras Moscú abogaba por trabajar juntos para lograr una salida política en la mesa de negociaciones, el representante de la Casa Blanca esgrimía el pretexto del supuesto uso de armas químicas para justificar sus planes de invasión.

Estas contradicciones provocaron la suspensión de una visita oficial de Obama a Rusia y la firma de un grupo de acuerdos previstos.

Un nuevo encuentro, esta vez informal, entre ambos jefes de Estado ocurrió en San Petersburgo en el mes de septiembre al margen de la cumbre del grupo de las 20 economías más desarrolladas (G-20), cuando ya parecía inminente la invasión del Pentágono y sus aliados contra Damasco.

Sin embargo, pese a la resistencia de la Casa Blanca para impedir que en San Petersburgo se mencionara a Siria, Moscú logró convertir el tema en centro de la agenda, y a partir de ese momento desplegó una ofensiva política que impidió se consumara la acción agresiva.

La diplomacia rusa se anotó una importante victoria al lograr colocar bajo control internacional las armas químicas de Siria para su destrucción y comprometer en este proyecto a Estados Unidos, y la ONU y sus estructuras con un papel central.

Simultáneamente, prevaleció sobre la violencia la vía de las negociaciones y el respeto al derecho internacional en la reunión conocida como Ginebra II, cuya próxima inauguración está programada para el 22 de enero en la ciudad suiza de Montreaux,

Con el respaldo de China, Rusia también logró avanzar en un primer acuerdo entre Irán y el sexteto negociador (los cinco miembros del Consejo de Seguridad más Alemania) sobre su programa nuclear, con lo cual silenció por el momento otros tambores de guerra.

 

AIRES DE GUERRA FRÍA

 

Durante 2013, el espectro de la guerra fría matizó como trasfondo los nexos de Moscú y Washington con viejos ingredientes como el empleo del tema de los derechos humanos por los congresistas norteamericanos como pretexto para incrementar las tensiones políticas, además de la desconfianza en el plano militar.

El diferendo alcanzó ribetes dignos de los tiempos de la Unión Soviética en mayo, cuando el Servicio Federal de Seguridad ruso confirmó la detención de un falso diplomático norteamericano, quien intentaba reclutar a uno de sus agentes.

Disfrazado con bisoñé y con modernos medios técnicos, toda Rusia pudo ver en la televisión la aparatosa captura del hasta entonces tercer secretario de la embajada de Estados Unidos, Ryan Christopher Fogle, en realidad asalariado de la Agencia Central de Inteligencia.

Una bomba para los vínculos bilaterales resultó la llegada a Rusia en junio del ex empleado de la Agencia Nacional de Seguridad estadounidense Edward Snowden, perseguido por develar el ciberespionaje de Washington sobre la población y contra mandatarios, incluidos importantes aliados.

El Kremlin aludió razones humanitarias y le otorgó asilo temporal a Snowden, decisión que enrareció más los nexos entre las dos potencias.

Sin embargo, es en el plano militar donde con más agudeza se observa el carácter antagónico de los intereses de una y otra parte.

Washington insiste en la ampliación del sistema de defensa antimisiles (DAM) norteamericano en Europa, sin que hasta el momento tenga en cuenta las preocupaciones de los políticos y los militares rusos.

Moscú ha exigido infructuosamente hasta el momento garantías jurídicas de cumplimiento obligatorio como prueba de que el proyecto no enfila contra su seguridad, y evalúa este asunto como piedra angular de los nexos bilaterales.

Al presentar su informe anual ante el Parlamento, Putin ratificó el rechazo de Moscú al DAM sobre el que aclaró que se trata realmente de un componente importante del potencial estratégico ofensivo de Washington.

En alusión a Estados Unidos, el mandatario expresó inquietud por la creación de nuevas armas como las cargas nucleares de baja potencia, los cohetes estratégicos con carga convencional y los sistemas de alta precisión hipersónicos (cinco veces más veloces que el sonido).

Sobre el objetivo de esos arsenales, el estadista indicó que Rusia observa de cerca el desarrollo del llamado concepto de ataque instantáneo global contra cualquier punto del planeta.

En estas circunstancias, enfatizó, Rusia reforzará la denominada triada nuclear con nuevos sistemas de misiles de emplazamiento terrestre, naval y aéreo de mayor precisión.

Sostuvo, asimismo, que continuará la consolidación de la Armada con nuevos submarinos nucleares, las tropas coheteriles de alcance intercontinental y el desarrollo de un bombardero estratégico de nueva generación.

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