Agricultura latinoamericana, nuevo enfoque contra la pobreza

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Por Cira Rodríguez César

La Habana (PL) La agricultura en América Latina está cada vez en mejores condiciones para posicionarse como una prioridad en la lucha contra la pobreza, la seguridad alimentaria y el bienestar de su población rural.

No obstante, en 2013 la agricultura de Latinoamérica y el Caribe perdió dinamismo, a diferencia de años atrás, cuando el comportamiento de ese sector estuvo principalmente determinado por la volatilidad en los precios de las principales materias primas.

Durante ese período el sector agrícola de la región estuvo marcado por la desaceleración de la economía global, que afectó no sólo a los países desarrollados, sino a las economías emergentes, especialmente a China, India y Brasil.

También influyeron otros factores: la pérdida de eficacia del comercio mundial de mercancías, reducción de los precios internacionales de los principales productos agrícolas e incremento de fenómenos climáticos adversos (sequías e inundaciones) que redujeron los rendimientos de los cereales.

Otro acontecimiento de gran peso en las pérdidas agrícolas fue el incremento en la aparición de plagas y enfermedades en los cultivos, favorecidos por el cambio climático.

Tales elementos influyeron para que la desaceleración agrícola de Latinoamérica en 2013 fuera mayor al observado por el resto de las economías regionales, lo cual provocó que el valor agregado agrícola creciera a tasas menores que el Producto Interno Bruto regional.

Pese a esos resultados, para el 2014 se esperan condiciones económicas que favorezcan el crecimiento de la producción y el comercio agrícola del área.

Dichas tendencias deberán apuntalarse con políticas dirigidas no sólo a mejorar los rendimientos y la competitividad de la agricultura comercial, sino también a potenciar el desempeño productivo y la inclusión exitosa de la agricultura familiar en cadenas de valor.

 

POTENCIALIDADES POR APROVECHAR

Un estudio conjunto de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) argumenta que una agricultura sustentable puede ser un nuevo logro de la región.

El informe señala que, a pesar de las serias limitaciones productivas, comerciales y socioeconómicas que experimenta la agricultura familiar en la región, ésta entraña un gran potencial para aumentar la oferta de alimentos.

Igualmente puede ser una vía para reducir el desempleo y sacar de la pobreza y la desnutrición a la población más vulnerable de las zonas rurales en el área.

De acuerdo con el informe Perspectivas de la agricultura y del desarrollo rural en las Américas, los países han asumido nuevos enfoques para apoyar la agricultura familiar en cuanto al combate de plagas, la variabilidad climática y la gestión de los recursos hídricos, al tiempo de modernizar sus instituciones para hacerlas más inclusivas.

En tal sentido, los tres organismos reconocen cómo Bolivia declaró a la agricultura familiar una actividad de interés nacional.

Argentina destinó cerca de 1,7 millones de dólares para impulsar la inscripción de agricultores en el Registro Nacional de la Agricultura Familiar, y unos 37,5 millones para apoyar el encadenamiento productivo al respecto.

Costa Rica adoptó el Plan Sectorial de Agricultura Familiar 2011-2014 y Chile incrementó en 8,2 por ciento el presupuesto de 2013 para fortalecer la pequeña agricultura, en tanto México implementó la iniciativa de inclusión social Cruzada Nacional contra el Hambre.

Otro tanto hizo el Mercado Común del Sur (Mercosur), organismo que reglamentó el Fondo de Apoyo a la Agricultura Familiar.

Todas estas experiencias son recomendadas por la CEPAL, la FAO y el IICA, pero acompañadas de políticas e instrumentos efectivos, presupuestos y de mayor participación ciudadana.

En el caso particular de la agricultura familiar, recomiendan atender la necesidad de implementar políticas intersectoriales que retengan a las nuevas generaciones de relevo, fomentar la innovación y la gestión del conocimiento y desarrollar instrumentos que permitan su inserción exitosa en las cadenas de valor.

 

AGRICULTURA Y SEGURIDAD ALIMENTARIA

La agricultura familiar, entendida como la producción agrícola, pecuaria, forestal y pesquera, es la actividad económica con mayores posibilidades, no sólo para aumentar la oferta de alimentos en América Latina y el Caribe, sino también para reducir el desempleo, la pobreza y la desnutrición de las poblaciones más vulnerables de las zonas rurales. Se estima que las tierras arrendadas pertenecientes al sector de la agricultura familiar en la región totalizan cerca de 17 millones de unidades, con una población que puede llegar a los 60 millones de personas.

Según la FAO, se cree que la agricultura familiar representa cerca del 75 por ciento del total de entidades productivas, lo cual en algunos países puede llegar a más del 90 por ciento.

A pesar de esos números, la situación de la agricultura familiar no es igual en todos los países, y mientras crece en algunas naciones, en otras como Argentina, Brasil, Chile y Uruguay se observa una tendencia a la concentración de tierras, con el objetivo primordial de la obtención de lucros.

Hasta ahora se considera que esta fórmula cuenta con menos incentivos que la agricultura comercial, pues quienes la practican, a pesar de tener un mayor índice de analfabetismo, edad y pobreza, tienen menos acceso a bienes públicos, tecnología y servicios para la producción, en comparación con los agricultores comerciales.

Además de recibir menos incentivos, la agricultura familiar está ubicada en tierras de baja calidad y más expuesta a los cambios climáticos.

Tales limitaciones sociales y productivas crean una brecha significativa entre los rendimientos de la agricultura familiar y los de la agricultura comercial.

No obstante, es una de las actividades que más combina sus recursos productivos, en forma igualitaria, reduciendo la pobreza entre los agricultores.

Otro potencial es el de generar empleos y ser responsable de casi el 50 por ciento de la producción de alimentos en América Central y del 20 en América del Sur, o sea, aún con sus restricciones, tiene una gran carga en la generación de alimentos.

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