Eusebio y el adiós de un ícono futbolístico

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Por Adrián Mengana Martínez

La Habana (PL) Tristeza y nostalgia embargaron los corazones de la gran fanaticada mundial con la muerte de uno de los mayores íconos del fútbol, el portugués Eusebio da Silva Ferreira, la “Pantera negra” más venerada de la historia.

El exdelantero y embajador del club luso Benfica y de la Federación Internacional de balompié (FIFA) no superó una parada cardiorrespiratoria y falleció la semana pasada a los 71 años de edad, en Lisboa.

Eusebio ya había sido hospitalizado varias veces por distintos problemas de salud. A finales de junio de 2012 sufrió un accidente vascular en el cerebro y estuvo ingresado durante 10 días.

De inmediato, la noticia del deceso de la “Pantera negra” conmocionó a Portugal y el planeta, que evocó con dolor la carrera de un hombre sencillo y honesto, a quien la fama nunca le hizo olvidar sus orígenes humildes.

Eusebio, quien desafió la hegemonía futbolística de leyendas como el brasileño Edson Arantes do Nascimento “Pelé”, el hispano-argentino Alfredo Di Stéfano o el inglés Bobby Charlton en la década de los 60, nació el 25 de enero de 1942 bajo extremas condiciones de pobreza en Lourenço Marques (hoy Maputo), en la antigua colonia portuguesa de Mozambique. Era el cuarto hijo de los siete que tuvo la mozambicana Elisa Anissabeni con su esposo, el angolano Laurindo Antonio da Silva Ferreira, trabajador ferroviario, quien murió de tétanos cuando Eusebio tenía ocho años, por lo que él y sus hermanos quedaron al cuidado de su madre.

El fútbol lo impulsó en su niñez a ausentarse de la escuela para jugar descalzo con sus amigos en campos improvisados, e inició su carrera deportiva a los 15 años en el Grupo Desportivo de Lourenço Marques, donde fue descubierto por una cazatalentos del Benfica en 1960.

Para evitar que fuera arrebatado por la competencia, en especial por el Sporting de Lisboa, el joven viajó a la capital portuguesa con el nombre falso femenino de Ruth, y una vez allí permaneció escondido durante semanas antes de la firma del contrato.

Sin embargo, los dos principales clubes lusos se disputaron su fichaje. La dirección de Las Águilas del Benfica se ganó finalmente la estima de la madre de Eusebio y el joven de 19 años debutó en el equipo en 1960 y un año más tarde en la selección lusa.

Poco después de su debut —en el que marcó tres goles— vio a su equipo ganar la Liga de los Campeones al Barcelona en Berna. El exatacante se consolidó al poco tiempo como titular del Benfica, al que llevó a la final de la Copa de los Campeones Europeos en Amsterdam en 1962.

Dueño de un físico potente y ágil, que le valió el sobrenombre de “Pantera Negra”, de un tiro seco y violento y una habilidad formidable, marcó dos goles en una antológica final (5-3) ante el poderoso Real Madrid de dos leyendas como Di Stéfano y el húngaro Ferenc Puskas.

Además, llegó a tres finales más en ese certamen, pero no volvió a levantar otra vez el trofeo.

Su estelar participación le valió ese año el segundo puesto en la votación del Balón de Oro que concedía la revista francesa France Football. Finalmente lo consiguió en 1965 y se quedó a las puertas otra vez en 1966.

Con el Benfica conquistó 12 Ligas lusa y cinco Copas de Portugal. A Eusebio pertenece uno de los récords futbolísticos más alabados en Portugal: el de marcar 317 tantos en 301 partidos de liga.

En la selección nacional debutó en octubre de 1961 con un gol en una derrota frente a Luxemburgo y en su carrera alcanzó 64 participaciones con 41 dianas.

Eusebio alcanzó el punto máximo de su carrera en el Mundial de Inglaterra-1966, cuando condujo el equipo al tercer lugar y con nueve perforaciones encabezó a los artilleros del campeonato.

En su primera participación mundialista, Portugal eliminó al Brasil defensor del título; pero lo más recordado fue la remontada del plantel en cuartos de final ante la República Popular Democrática de Corea, cuando los lusos convirtieron un 0-3 en un 5-3 gracias a cuatro goles de Eusebio.

“Fui el mejor jugador del mundo, el máximo goleador de Europa, lo hice todo salvo ganar un Mundial”, reconoció en una entrevista a finales de 2011, haciendo alusión a la semifinal que perdió su país contra Inglaterra (1-2) en la Copa del Mundo de 1966.

Luego de la cita universal ganó con 42 tantos la Bota de Oro como mejor goleador de Europa en 1968, entregado aquel año por primera vez. En 1973 repitió el lauro con 40 perforaciones.

Tras finalizar su etapa en el Benfica, en 1976 pasó a jugar en diversos clubes, obteniendo más logros: Boston Minutemen (Estados Unidos), Monterrey (México), Toronto Metros Croatia (Canadá), Beira Mar (Portugal), Las Vegas Quicksilver (Estados Unidos) y Uniao de Tomar (Portugal).

Se retiró en 1977 y los analistas estiman que entre encuentros oficiales y amistosos anotó 733 goles en toda su trayectoria profesional en el balompié portugués.

El Benfica lo homenajeó en varias ocasiones y erigió una estatua frente al Estadio de Luz en su 50 cumpleaños; además, la selección lo nombró embajador itinerante y la FIFA el séptimo mejor jugador de siempre.

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