José Emilio Pacheco rompió las fronteras culturales

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Para José Emilio Pacheco su objetivo en la vida y en la literatura era escribir lo mejor posible. “Tengo una ambición muy clara, es una locura, casi como querer ser famoso o poderoso, y es la de querer escribir bien”, mencionó el escritor en una entrevista con su amiga Elena Poniatowska, publicada en junio del 2009.

 

El ensayista, poeta y narrador falleció, a los 74 años de edad, la tarde de este domingo. Autor de cuentos, novelas, editoriales, artículos, adaptaciones, poemas, guiones cinematográficos y teatrales, rompió las fronteras culturales con su trabajo literario.

 

“Me gusta que la poesía sea la voz interior, la voz que nadie oye, la voz de la persona que la lee. Así el yo se vuelve tú, el tú se transforma en yo y del acto de leer nace el nosotros…” (JEP).

 

José Emilio Pacheco Berny nació en la ciudad de México el 30 de junio de 1939. Quien se consideró un niño preguntón y molesto, emprendió la carrera de Derecho, sin embargo, prefirió estudiar Filosofía en la Universidad Nacional Autónoma de México.

 

El viento distante (1963), El principio del placer(1972), Las batallas en el desierto (1981), Morirás lejos (1967), fueron algunos de los textos que Pacheco escribió. Sin embargo, en su devoción por las palabras el escritor no se centró en sus propios textos, trabajó en la antología Poesía en movimiento, donde junto a Octavio Paz reunió lo mejor del arte poético mexicano del siglo XX.

 

Creía en la memoria y repudiaba la nostalgia, en su narrativa retrató desde una perspectiva crítica el México que conoció en su infancia y adolescencia, en la década de 1950. Además tradujo cerca de 20 títulos, de autores como Samuel Beckett y Oscar Wilde.

 

Se involucró en el ámbito periodístico con la columna Inventario, que publicó en la revistaProceso, de la que fue fundador, y en el diarioExcélsior.

 

Ganador del premio “Miguel de Cervantes” 2009 por enaltecer el legado literario en la lengua española, además del Premio “Alfonso Reyes” en 2001, otorgado por el Colegio de México, consideraba que gran parte del trabajo de un escritor se hace escuchando, valoraba como nadie el aprendizaje.

 

Pacheco extrañaba a sus muertos y los mantenía vivos, rendirles homenaje era para él una obligación moral: “Llevamos siempre adentro la misma muerte, también el cielo fue un ave negra”, ahora acompaña en la inmortalidad a José Agustín Goytisolo, Paul Celan, Alaide Foppa, Efraín Huerta, Rosario Castellanos, Octavio Paz, a quienes dedicaba sus poemas.

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