LAS FALSEDADES DE LA COBERTURA NACIONAL DE SALUD

Jacob Aquino Muñoz
Jacob Aquino Muñoz.

De forma muy rimbombante, durante el Gobierno de Felipe Calderón, se declaró la cobertura nacional de los servicios de salud.

El 26 de enero del 2012, en Davos, Suiza, el expresidente de México, Felipe Calderón, dijo estar orgulloso de la cobertura universal en salud lograda por su gobierno, a la que calificó como su principal logro.

Como dijera cierto vocero presidencial, “lo que quiso decir” fue que había entregado los papeles que permitirían el acceso al seguro popular de la gente que carece de los servicios de salud.

En ese sentido, la declaratoria de la cobertura nacional de salud de Felipe Calderón fue de “papel”, declaratoria de luces y reflectores pero sin efectividad. Saltan las dudas de la veracidad de ese hecho “histórico”.

La realidad es otra muy diferente. La gente que vive aislada y, lejos de las infraestructuras de salud, les es muy difícil hacer efectivo su certificado de seguridad social.

Para la gente con las que el gobierno no fue muy generoso a la hora de entregar los certificados del seguro popular, la situación es más complicada.

Conozco a muchas personas que no tienen acceso a los servicios públicos de salud, amigos y familiares, muchos de ellos. Tengo un amigo, que veo todos los días frente al espejo, que pese a ser pensionado, no tiene acceso a ninguna clase de servicios médicos, ni él, ni su esposa ni su hija.

Además, por vivir cerca de una farmacia del Dr. “Simi” y de una farmacia “Del ahorro”, veo la cantidad de personas que demandan los medicamentos y los servicios médicos de esas empresas.

Todos los días, los consultorios de estas farmacias están atestados de gente enferma. ¿Por qué la gente demanda esos servicios médicos? Sencillamente porque no tienen acceso a la cobertura nacional de salud. Su opción es esa o la muerte lenta.

Otro indicador de las falsedades de la cobertura nacional de salud, se relaciona con el crecimiento de ventas de fármacos genéricos en este país, donde otra vez, el Dr. “Simi” y similares, salen ganones.

Según La Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (COFEPRIS), en los últimos tres años el volumen de fármacos genéricos que se consumen en México pasó de 54% a 84%.

En los últimos 29 meses, la COFEPRIS aprobó 261 genéricos de 29 sustancias activas que perdieron la protección industrial, respetando en todo momento la innovación y las patentes.

Con el actual volumen de ventas, México es actualmente líder en el consumo de medicamentos genéricos.

Dice la COFEPRIS, que gracias a la aprobación de genéricos se disminuye de manera considerable el gasto familiar en medicinas.

Podrá ser cierta esa aseveración de la COFEPRIS, pero considero que el crecimiento en el volumen de medicamentos genéricos no es un resultado para alegrarse.

Primeramente, porque es un indicador de las necesidades de salud de las personas, especialmente, de aquellas que no tienen derecho de acceso a los servicios institucionales de salud.

Segundo, porque la elevación del consumo de medicamentos genéricos es un indicador de la pobreza de la gente, de su reducida capacidad de ingresos. Lamentablemente, cada día, el segmento de gente en la pobreza crece aceleradamente en este país.

Tercero, porque saltan más dudas sobre la cobertura nacional de salud.

Para alcanzar niveles de cobertura universal como los que tienen el Reino Unido y Canadá, por ejemplo, es necesario la salud pública tenga recursos vía los impuestos que se cobran a todos los ciudadanos y no por las aportaciones de patrones y trabajadores, como actualmente se hace en México.

Esto es algo que puede representar un cambio mayor en el sistema nacional porque puede representar una apertura total a todo tipo de personas a los servicios de salud.

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