Recuerdan visita de García Márquez a Amaranta cubana

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La Habana, 23 abr (PL) Una familia cubana siente con especial tristeza la partida del autor de Cien Años de Soledad, la homónima de uno de cuyos personajes, Amaranta, vive en ese hogar y estudia Medicina.
El amor de Olamis Aguiar por la novela de Gabriel García Márquez se materializó hace dos décadas en el nacimiento de su hija Amaranta.
Nunca se pudieron imaginar Olamis y Amaranta que, paradas un día en el separador de la Calle 31 en el reparto capitalino de Buenavista, verían pasar en un auto al afamado autor, quien miró en dirección a la joven mamá cuando le decía a su hija de 8 años, “mira Amaranta, ahí va García Márquez”.
Al escuchar el apelativo salido de su personaje de Macondo, el escritor laureado con el Premio Nobel de Literatura en 1982 hizo todo lo posible por conocer esa Amaranta más de cerca.
Decidido, usó el poder de los medios de difusión. El genio de Aracataca, Colombia, acudió a la televisión local y pidió que trasmitieran un mensaje solicitando que la madre y su hija que cruzaban esa tarde la Calle 31 se comunicaran con el Canal Habana.
Entrevistada hoy por Prensa Latina, Olamis Aguiar relató que en los estudios de televisión le dijeron que llamara a la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano a la sazón dirigida por García Márquez.
Allí, la secretaria de la Fundación, Alquimia Peña, solicitó que la familia permaneciera en casa ese fin de semana porque el autor quería visitarla.
La espera fue corta porque media hora después de anunciada se produjo la visita del gigante literario latinoamericano y universal, armado de un ramito de rosas amarillas y un ejemplar del Diario de un náufrago, que dedicó y autografió para Amaranta. El encuentro se produjo a finales de 2001.
Y junto a la flor dibujada, la dedicatoria: “La flor más bella para Amaranta, la niña más bella. Con un beso, Gabriel, 2001”.
El cariñosamente conocido como Gabo se interesó, señala Olamis, por toda clase de detalles, desde las comidas que más gustaban hasta el estado de los estudios de la niña.
Al padre de Amaranta, Gaspar Rojas, el escritor lo convocó a compartir unos desayunos con él en el hotel Cohíba, donde prestó servicios como trabajador de mantenimiento.
Entonces Gabo ofreció su apoyo a la educación de la niña que hoy cursa segundo año de Medicina en el Instituto Victoria de Girón, en la capital cubana.
Un par de horas de conversación pasaron sin notarse, recuerda Olamis, pero García Márquez no se despidió sin antes dejar su tarjeta personal a su nueva Amaranta.
Como en Macondo, concluye Olamis, ante la inaceptable despedida del Gabo, reina el desconsuelo mucho más allá de sus fronteras.

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