Formell, el rey de la música popular que soñó componer una ópera

Juan-Formell

La Habana, 4 may (PL) Al morir Juan Formell, sus seguidores en Cuba se quedaron con las ganas de comprobar si finalmente él hubiera hecho realidad aquello de “bailar y gozar con la Sinfónica Nacional”.
Una de las últimas grandes sorpresas que dejó Formell, además de ser nuevamente padre a los 71 años, fue su revelación de que estaba trabajando en una ópera para su cantante Yenisel “Jenny” Valdés.
La idea de este nuevo desafío le surgió al curtido compositor y bajista hace un año, en Las Vegas, Estados Unidos, durante una semana en que vio desde a David Copperfield hasta al impresionante Cirque du Soleil.
“El nivel de fantasía que utilizan todos esos espectáculos es increíble, te hacen soñar, te hacen ver la realidad desde otro punto de vista”, confesó entonces Formell, como siempre lleno de sueños.
Su idea era hacer un musical bailable a partir del sentido de la fantasía, de los sueños, jugar con la ilusión de la magia y hacer cosas locas, como convertir a Jenny en un ave en escena.
Nadie duda que habría salido un musical de altos quilates, a la altura de un “Jesus Christ Superstar” o un “Maestra Vida”, pues al fundador de Los Van Van no le iba lo convencional.
Quizás ahí radicó su grandeza: si hubiera sido fiel a la fórmula de “no cambiar algo si funciona”, jamás habría creado ritmos que sentaron cátedra, como el changüí-shake o el songo.
El musical no le era extraño a Formell, que compuso para varias obras de teatro, como La Barbacoa, de Abraham Rodríguez; y la opereta Vivir en Santa Fé, de Nicolás Dorr, con Rosita Fornés.
De ahí salieron clásicos como La Habana no aguanta más, uno de sus grandes éxitos de los años 1980, que recrea las migraciones hacia la capital, con la gracia costumbrista del teatro vernáculo.
A su vez, sus canciones comentan la trama del filme “Los pájaros tirándole a la escopeta”, la memorable comedia que protagonizaron Reinaldo Miravalles, Consuelito Vidal, Beatriz Váldes y Albertico Pujols.
Nadie sabrá ahora si en su ópera, Formell habría retomado esa vena de cronista que tanto se extraña en un género demasiado dado últimamente al auto-bombo y el folclorismo religioso.
Otra razón más para llorar hoy a uno de los imprescindibles de la música en este país, responsable de la educación sentimental y la banda sonora en la vida de muchas generaciones de cubanos.

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