La Habana (PL).- La Profesora de Inglés, gran triunfadora en la XIV Muestra Joven del Cine Cubano, es un filme que algunos les parecerá dolorosamente cercano, hasta opresivo.
Sonia siente el impulso de matar a su esposo, enfermo terminal, para retomar su vida o quizás empezar de cero, pero le falta coraje o le sobra corazón.
Su guionista y director, Alan González, confesó a Prensa Latina que filmar esta película fue algo liberador, pues vivió un drama similar al que nos cuenta.
Sin embargo, Sonia vive con la culpa de afrontar sus arrebatos, mientras Alan se consuela pensando que siempre hizo todo lo posible, e incluso más, como evidencia esta suerte de catarsis creativa.
– ¿Cómo nació esta idea?
De hecho viví una experiencia así, dolorosa pero enriquecedora. Esta película forma parte inevitable de esa vivencia, aunque la filmación fuera casi dos años después.
Tampoco podré verla sin despertar mis propios recuerdos de lo que es el dolor. Pero será un dolor ya evacuado.
– ¿Cómo fluyó el proceso?
Escribí el primer argumento en segundo año de guión de la EICTV, pero me faltaba tiempo y concentración, y era un crimen atropellar el proyecto por más ganas que tuviera de filmarlo.
Trabajé el guión poco a poco para filmarlo en cuanto me graduara. Afortunadamente tuvo tiempo de tomar siestas.
Junto a la productora Indira Magaz presenté un guión a Haciendo Cine, y obtuvimos la ayuda de Jenova Pro. En medio de las gestiones de producción, el trabajo con Javier Pérez y Rubén Cruces, directores de fotografía y de arte respectivamente, se hacía cada vez más grato.
Ellos son grandes amigos y su sencillez hizo que el diálogo fuera tan emocionante como fácil. Tenían muchas ganas de trabajar. Ese espíritu de amistad y compromiso primó en el proceso, pese a las adversidades de toda producción.
– ¿Cómo fue el casting y la dirección de actores?
El casting fue esencial para encontrar la sensibilidad y el brío necesario para encarnar el personaje que ha nacido y va creciendo. Hay cierta magia que se enciende al sentir que has encontrado a la persona ideal, pues no siempre se escribe pensando en el actor.
Rumié muchas opciones para el personaje de Sonia, a partir de ella pensaría en los otros actores. Cuando encontré a Coralita no tuve dudas de que era ella con quien quería trabajar.
Al releer el guión la vi claramente, como si siempre hubiera estado allí. Y estoy casi seguro de que siempre estuvo con esos ojos tremendos, aunque yo no lo supiera.
El trío lo completan Héctor Echemendía y Roque Moreno, tan profesionales y apasionados como ocupados. Por suerte la película fue una especie de reto para ellos y acaparó su atención y su esfuerzo.
Traté de que cada supieran por qué había pensado en ellos y tuvimos largas jornadas de lectura y diálogo. Lo mismo hice con Coralita hasta que los tres estuvieron deseosos de encontrarse. El día que eso ocurrió fue muy emocionante.
-¿Cómo fue dirigir a actores consagrados?
Dirigir a actores con personalidades, formación y métodos tan distintos exige mucha paciencia. Es un trabajo personalizado y a la vez grupal. Fue un reto adecuarme a ellos y hacerlos entender el estilo de lo que buscaba.
Pero una vez logrado el compromiso, la confianza, la comprensión de sus motivaciones y las mías, el resto fue como bailar.
Lo mismo ocurrió con el resto del equipo. Como personas acostumbradas a estudiar y participar activamente de la concepción audiovisual, fue muy importante convencerlos de la eficacia y el encanto de la manera en que quería contar la historia. Hubo un arduo trabajo de mesa para no tener que definir conceptos o estrategias en el rodaje. Ahí solo establecimos un equilibrio entre lo inesperado y lo imprescindible.
– ¿Qué buscas con tu cine, qué temas te interesan tocar?
Disfruto mucho del proceso. Durante la escritura, prefiero dejarme llevar, y llega el momento en que descubro lo que buscaba. Entonces reordeno mis pensamientos y le doy coherencia a mi mirada.
Lo fabuloso es que me conozco cada vez un poquito más. Aspiro a llevar al público a ese lugar secreto, pero sin que se de cuenta, revelándole poco a poco de qué estoy hablando.
– La sensación de desespero que transmite la profesora y su entorno… ¿cómo la concebiste? ¿Quedaste satisfecho?
Hay muchas maneras de trasmitir algo, pero lo maravilloso es que cada una catapulta ese algo a un lugar inesperado. Veo el acto de filmar como la lucha por no perder el control, en medio de los placeres del descubrimiento.
En este corto buscaba la imperfección de lo «real», sin hacerlo demasiado evidente. Lo más estimulante y arriesgado fue equilibrar intensidad y sutileza.
Gran parte del desespero transmitido tiene que ver con lo que siente Sonia, con la orquestación de los elementos del guión y los recursos fotográficos y sonoros en el proceso. Otra gran parte sale de lo que viví, y de la experiencia puntual de cada espectador. Es como la melodía de lo insoportable.
Ahora que lo pienso, hay una especie de masoquismo en filmar una historia así, pero también lo hay en el amor. Todas las grandes experiencias tienen algo de agonía.
– ¿En qué trabajas actualmente?
Disfruto trabajar con otros directores. Ahora reviso un guión de largometraje que escribí hace varios meses y a la vez desarrollo un nuevo cortometraje.
– ¿Cuál es tu opinión sobre el impacto de la Muestra?
Definitivamente, la muestra ha influenciado en muchos jóvenes cineastas cubanos, y viceversa, sinónimo de que se han logrado muchas cosas.
Aún así, considero que la Muestra debe crecer, y es solo uno de los tantos proyectos que debemos encarar para insuflar energía al cine cubano.