Desafío

RAFA LORET
Por Rafael Loret de Mola

*Pentecostés Político

*Las Aldeas “Globales”

*El Conejito no Llegó

La fiesta de Pentecostés para los católicos está ligada a la transfiguración del Espíritu Santo en el momento mismo en el que Juan el Bautista rociaba con agua del Jordán a Jesús de Galilea, el hijo de Dios; para los judíos el término tiene otra acepción: significaba el día cincuenta después de la Pascua cuando los agricultores pedían por sus cosechas para asegurarlas de la cambiante meteorología. Era como una especie de alianza con el Ser Supremo para tranquilidad de los creyentes mientras los paganos se asilaban, escépticos. Quizá hablar de estas cosas, ante el gran público, puede parecer recurrente e incluso inútil, más cuando terminó ya la Semana Mayor y fueron pocos, muy pocos, quienes encontraron consuelo en la meditación. Oremos, también, por quienes no pudieron volver a casa o la hallaron saqueada.

Pentecostés es alimento para el cambio colectivo, el imperativo de creer que en el firmamento está escrito que el mal nunca prevalecerá contra el bien. Gandhi, el padre de la India y gran misionero de la “no violencia”, solía decir que, en sus momentos de desesperación solía recordar que los tiranos, tarde o temprano, son derrotados. Siempre. Y eso le confortaba para continuar en su ministerio religioso y político hasta convertirse en uno de los seres humanos más grandiosos que han pisado el mundo terrenal. Nadie, como él, para entender a su pueblo; nadie tan firme y resistente; tan provocador y amante de la paz. Una coyuntura permanente entre el amor a nuestros semejantes y el imperativo de sembrar justicia a nuestro paso, aun cuando sea necesario para ello desafiar a los poderosos y vencerlos cuando pretenden colocar yugos a la libertad.

México no está aislado del resto del mundo si bien su idiosincrasia es única y acaso envidiada por muchos. Otros sólo ven en nosotros el botín que encierran nuestros recursos naturales y la calidez de nuestra gente, deseosa de trabajar y tantas veces humillada por patrones extranjeros que consideran la sencillez y la bondadosa lealtad un signo de debilidad para escarnecer al débil. ¡Qué terrible debe ser trabajar pensando que, en cualquier minuto, una “niña de familia” puede acusar a su servidor por el supuesto robo de un lapicero sin que se sea culpable! No sólo está al aire el sustento sino igualmente la dignidad avasallada y cruelmente destinada a la represión policíaca que parece cortada al gusto de la moderna aristocracia. Es esto, es decir las desigualdades extremas, la hoguera que se entiende en pro de la libertad en todos los tiempos y entre todos los pueblos.

Acusar a nuestros colaboradores más cercanos –aunque en alguna ocasión se tenga razón-, sin más pruebas que la supuesta intuición- nos degrada como seres pensantes y justos, convencidos sea por la religiosidad o por las tendencias políticas de cada época. ¿Cuántas veces hemos escuchado, como una muestra, que a los dirigentes perredistas, incluso delegados de alguna demarcación defeña, les hace falta vestir mejor para hacer sentir su autoridad? Si bien, para muchos, el respeto se gana por las formas, yo me inclinaría siempre por tratar de observar el fondo, mirar a los ojos a quienes nos habla y deducir, en un apretado ejercicio íntimo, cuáles son sus intenciones y si son capaces de sostener las miradas. Es una buena forma para descubrir las tendencias ocultas.

Quizá por todo ello me impresionó la lectura de “El fin del Poder”, del venezolano Moisés Naím –como si fuera reencarnación de quien recibió las “Tablas de los Diez Mandamientos”-, en donde se sostienen que los modelos están cambiando, con una rapidez impresionante, en desdoro de los poderes fácticos y políticos en una rea en donde las castas militares ya no encuentran tan fácilmente respaldos ni los dictadores pueden reprimir sin consecuencias a los pueblos maniatados. Una era, sí, en que un Papa debió renunciar, refugiado ahora en un monasterio de El Vaticano, ante las intrigas de la Curia y la conflictiva atroz que deviene de la crisis eclesiástica, tan grave, que basta la foto del nuevo Pontífice, Francisco, con un niño, para disparar las especulaciones felonas y burdas. Esto es como si los sacerdotes, por efecto de los pederastas –religiosos o no- que nunca fueron castigados. De allí la necesidad de imponer, siempre, la justicia… para evitar que después sean infamados los descendientes de cuantos vivieron bajo la mayor impunidad concebible. ¿El padre Marcial Maciel, por ejemplo?

Insiste Naím que los grupos de presión han variado y ya no son aquellos que observábamos hasta hace muy poco tiempo. Los grandes multimillonarios, digamos Carlos Slim Helú, pueden ser contenidos y acaso sancionados con todo y su poderío financiero; los intereses políticos cambiantes se mueven entre hilos demasiado delgados que se atan y desatan con la mayor facilidad. Y si alguien lo sabe es, precisamente, Slim enfrentado al poder de las complicidades hijas de los medios masivos de comunicación, sobre todo Televisa porque Televisión Azteca, más hábil para las conjuras soterradas, ni siquiera movió una pestaña… y es que supo como hacer confluir hacia la empresa, televisiva-banco-tienda de raya, las ambiciones superiores de los perentorios usufructuarios del régimen presidencialista que nos sigue asfixiando lastimosamente. Ninguna de las “primeras familias” que han sido y son, se salva del análisis.

De allí que, por ejemplo, el mundo cibernético se estime como un espacio libre de influencias de gobiernos y religiones, de sociedades y hasta grupos tribales. También, el hecho de que los valores se modifiquen y se transgredan con enorme rapidez, siguiendo la dinámica social a la que, desde luego, no se adaptan las legislaturas ni, mucho menos, las jerarquías eclesiásticas que siguen negándose, siquiera, a discutir sobre temas que el colectivo ya ha rebasado, como la igualdad jurídica y social por razones de género y preferencias sexuales, hasta el aborto por voluntad de la madre como dueña de su propio cuerpo y sin medir si lo es también del que está en gestación. Y con ello, subrayo, no condenamos a quienes observan, como una liberación incluso moral, este escape que resuelve, o se pretende así, la angustia interior, que acaso jamás se va, por el destino que hubiese podido tener un ser cuya existencia no depende del mismo.

Así y todo, ¡qué lejos está la Iglesia de estos temas que aturden y conflictúan nuestras existencias! El propio Francisco, el Pontífice que llegó de Argentina en los tiempos de los fanáticos de Messi –un virus del cual estoy vacunado-, insiste en no mover las aguas aun cuando, como jesuita que es, entiende la evolución social y la necesidad de no ser rebasada por ésta… como tantas otras veces, cuando se consideró a la ciencia un engendro diabólico porque contradecía a las sagradas escrituras en las que cuanto era inexplicable se situaba dentro de los misterios insondables de la fe. La mente humana no puede detenerse en este punto porque con ello se afrentaría el supremo y divino poder del raciocinio.

Si la concepción del poder está modificándose pese a quienes, como en México, se aferran a las usanzas de otros tiempos y pretenden regresar al pasado convirtiendo la casona de Los Pinos en una suerte del túnel del tiempo… pero jamás dirigido hacia el futuro. Puede explicarse, por tanto, el nuevo peso de la sociedad, a través de otros instrumentos de libertad que pueden llevar hacia el libertinaje, cuando las protestas sociales masivas, en varios puntos de la geografía mundial, redimen y vindican objetivos en contra de la fuerza de los gobiernos poderosos, como el de los Estados Unidos, o caen en el engaño de sumarse a otras causas contaminadas también. Así sucedió en Ucrania con la declaración unilateral de soberanía de Crimea, la isla con la que comienza a construirse, una vez más, el bloque soviético. ¡Cuidado!

Pero ya no hay credibilidad hacia los fuertes por tantos que han sido los engaños. Sobre todo desde el norte, en donde se persigue a los indocumentados como si fueran fieras predadoras y no portadores de mano de obra barata destinada a reducir precios y abatir los del mercado internacional, por una xenofobia creciente, torpemente engendrada contra el terrorismo sufrido, en las entrañas de la gran potencia universal, en septiembre de 2001. ¡Y diez años tardaron en encontrar y ejecutar al jefe de los talibanes!

Debate

No es una expresión fantasiosa subrayar que la llamada “aldea digital” nos está cambiando a todos, aun a cuanto nos hemos quedado rezagados por cuestión de edad e intereses. A mí me parece una suerte de “misterio” –a la vieja usanza- tener que hablar, casi siempre, a través de un sistema global en el que tienen acceso millones de seres humanos. Claro, como periodista me sienta bien la experiencia porque extiendo contactos, afectos e intereses, comunes o no. Pero, de igual manera, la exposición de las ideas puede dar lugar a extremos injustificables como las ofensas anónimas, los entrometimientos viscerales y las descalificaciones soeces. Me pasa a mí y les pasa a todos. ¿Qué acaso, en el mundo contemporáneo, quienes no saben pero se sienten superiores, sólo pueden expresarse con injurias banales, tortuosas, incluso infantiles, que más bien desnudan a los emisores de cuerpo entero?

Ahora bien, para centrarnos en el polémico tema de la regulación de Internet que pretende el gobierno peñista en su propósito de aislar a los cibernautas, deben considerarse dos puntos:

1.- Los delitos no admiten espacios exentos de la justicia. Esto es: no puede admitirse, de modo alguno, una suerte de autonomía para el crimen a través del mundo cibernético. Suena tan absurdo como es. Digamos que los abusos sexuales, engendrados en esta vía, la extorsión e incluso no pocos crímenes que se vuelven “virales” deben ser perseguidos hasta que pueda extirparse el tumor aunque con ello se paguen cuotas de libertad, mejor dicho de libertinaje.

2.- Pese a lo anterior, no es admisible pretextar que, por perseguir los delitos apuntados, se rompa la esencia de la libertad y se censuren –con cualquier intromisión del Estado- opiniones y vídeos que suelen ser informativos y nos ponen al minuto en el lugar de los hechos. Retroceso tal nos llevaría a pensar que nunca hubo un mundo mejor que el de las cavernas. De esta tontería pueden surgir armas represoras, tan tremendas y efectivas, que nos quedaríamos varados en los arrecifes del fascismo.

Distinguir una cosa de la otra es deber de todos, no sólo de los sirvientes del gobierno actual –incluyendo algunos legisladores de “oposición” o más bien “deposición”-, es deber conjunto y no debe permitirse que pase moción tal que tiende a arrodillarnos ante un poder que ya no es.

La Anécdota

Pregunta una niñita a su madre:

–¿Y por qué el conejito de Pascua no me trajo ningún chocolate ahora?

–Porque tu padre nos dejó…

–¿Y por qué nos dejó?

–Porque yo ya no quería estar con él.

–¿Y ahora está con el conejito, mamá?¿Me habrá olvidado?¿Tú no sabes hacer huevitos de chocolate?

Y ya no hubo respuestas.

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WEB: www.rafael-loretdemola.mx

E-MAIL: loretdmola.rafael@yahoo.com

ESTAMOS CAMBIANDO TODOS. ¿PARA BIEN? SIENTO QUE, CADA DÍA, CRECE LA INTOLERANCIA, EL RENCOR SOCIAL Y LA MALEDICENCIA. NADIE CREE EN LOS DEMÁS, MUCHO MENOS EN SUS AUTORIDADES. ¿QUÉ HACER?¿SEGUIR FOMENTANDO EL ODIO PORQUE NO SOMOS CAPACES DE ESTAR A LA ALTURA DEL MANDATO SUPREMO EN PRO DEL AMOR? ES EN LO QUE ESTUVE PENSANDO TODA LA SEMANA SANTA. ¿Y USTEDES?

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