Desafío

RAFA LORET
Por Rafael Loret de Mola

*Optimismo o Fantasía

*Recordando a Chávez

Trabajo de Mexicanos

No desfallezcan, mexicanos. Pronto, acaso en 2015 o “un poco” más allá, la presidencia de la República invertirá, en obras de infraestructura, nada menos, 7 billones 700 mil pesos. Sólo hay un “pero”: sólo seis de cada diez pesos provendrán del gobierno de la República y los cuatro restantes serán aportados por el genérico que define a la “iniciativa privada” pero sin especificar quiénes serán los responsables específicos de la generosa oferta y cuáles serán las prerrogativas que obtengan. Esto es si se trata de altruismo o de un negocio redondo en el cual las concesiones se extiendan por décadas como si el total del capital hubiera sido aportado por los grandes consorcios y no por la estructura oficial.

Resulta que, en cuanto a la tesis toral –la que marca la Constitución General de la República que ya debiera ser reemplazada por otra menos constreñida a las contradicciones a las que ha dado lugar la permanente oleada de reformas mal redactadas o contrarias a los principios básicos de la misma-, los empréstitos gubernamentales sólo pueden aplicarse a la realización de “obras de infraestructura” y no a ninguna otra pauta financiera, mucho menos el absurdo de pedir prestado para pagar deudas arrastrando el tabique del capital principal comprometido que va en aumento mientras se cubren únicamente los réditos… pero ni siquiera completos al parecer. Por esta razón se llegó al absurdo de acumular, entre los sectores público y privado, más de un billón –mil millones de millones-, de compromisos con los grandes acreedores que asfixian a nuestro país. Ni siquiera sabemos, a ciencia cierta, a donde fueron a parar estas derramas multimillonarias.

Además, como es evidente, la recaudación ha aumentado de manera sustantiva con la aplicación de políticas fiscales que persiguen a los causantes cautivos pero mantienen abiertos los privilegios para las grandes empresas aun cuando los accionistas se quejen por las restricciones en cierne, por ejemplo en el renglón de las telecomunicaciones en donde Carlos Slim Helú y Emilio Azcárraga Jean fueron maltratados con las consiguientes pérdidas. Por cierto, al grupo NO se unió, sospechosamente, Ricardo Salinas Pliego, dueño de TV Azteca y del Banco del mismo nombre –el único fundado bajo la batuta de los fox-, quien ya es el cuarto mayor multimillonario de México con una fortuna cuatro veces mayor a la del principal accionista de Televisa. En este punto pueden encontrarse algunas claves como, por ejemplo, la abundancia que deriva del tráfico de remesas desde el exterior bajo las reglas de las tiendas de raya Elektra. Pero, de esto, ni quien se ocupe porque, al parecer, en cuestión de mafias Salinas Pliego no puede ocultarse.

Con este plan de inversiones, el gobierno peñista espera crear trescientos cincuenta mil empleos, en una visión optimista desde luego, aun cuando las necesidades reales de la población son de dos millones de nuevos trabajadores en demanda de oportunidades cada año. La administración federal, entonces, sólo se compromete a aportar el 15 por ciento de la demanda laboral, un porcentaje similar a la que ha quedado en la calle por los conocidos escándalos sobre la clausura de algunas paraestatales, como la Comisión de Luz y Fuerza del Centro aún en pie de guerra con toda una historia turbulenta detrás, y las inducidas quiebras de otros grupos privados, como Mexicana de Aviación, con tal de salvar a uno de los principales socios del establishment, el deplorable Gastón Azcárraga Andrade quien, en vez de exhibirse en los grandes centros sociales debiera estar tras las rejas junto a sus socios, los señores fox y calderón.

Hace unos días, conversando con la inteligente alcaldesa de Cuauhtémoc, Colima, Indira Vizcaíno Silva –no voy a negar que me impresionó favorablemente y le observo un brillante porvenir si decide continuar la carrera política-, me decía con satisfacción que pese a la dureza padecida por los agricultores y también, específicamente, quienes laboran en el ingenio azucarero –el precio del producto bajó casi cien pesos de trescientos ochenta a doscientos ochenta, la tonelada, en un año de acuerdo a los indicadores y el kilo se ofrece en los mercados capitalinos a nueve pesos por trece que costaba hace meses-, los causantes rurales NO se habían atrasado en el pago de sus impuestos, por fortuna, digo, porque el gobierno estatal se olvidó del municipio apenas llegó una adversaria a la presidencia municipal.

¿Qué significa lo anterior para el tema del cual hablamos hoy? Sencillo: demuestra, sin género de dudas, que la ciudadanía responde cuando sabe que los recursos públicos están bien administrados y no serán objeto de manipuleos y fraudes –como en el vergonzoso episodio de la Línea 12 del Metro o el peor sobre los fraudes contra PEMEX cometidos por los allegados del ex mandatario calderón-, o no servirán para financiar a los ricos, con seis pesos por cada cuatro que inviertan, como anuncia el gobierno federal. La percepción que deriva de ello es simple: todos los partidos involucrados contra la sociedad mexicana y eso produce en ésta una repulsión tremenda a los acosos fiscales, obviamente basados en la fuerza del Estado.

Es difícil, sí, mantener la confianza y asegurar las bienaventuranzas de los gobernados cuando se desconocen las inversiones públicas y se publicitan las autopistas que acercan a los narcotraficantes, desde el litoral del Pacífico, a la frontera norte con todas las precauciones necesarias de acuerdo a los “pitazos” policíacos de uno y otro lado de la frontera. Los retenes fijos sólo sirven, sobre las carreteras, para tratar de esquilmar a los viajeros, pero no para detener cargamentos pues es obvio que los conductores de drogas conocen a perfección las desviaciones para eludirlos. Y lo mismo sucede en las peculiares aduanas estadounidenses con el auxilio de la Border Patrol, más interesada en “cazar” a los seres humanos, cuya mano de obra barata requieren los agricultores del otro lado del Bravo y de la barda de la ignominia, que en detener los grandes tráileres rebosantes de estupefacientes.

En tales términos, el “México moderno” en el cual se pone tanto énfasis, responde a la muy vieja línea de la “economía mixta” con más oportunidades, cada vez, para los empresarios afines a los funcionarios de rango. Y todavía se quejan, como lo hizo el presidente de la Cámara Mexicana de la Industria de la Construcción, Luis Fernando Zárate Rocha, quien exigió todavía un cambio de régimen jurídico para abrirlo, todavía más, a las inversiones privadas. Y lo hace, precisamente, quien encabeza a un sector, el de la construcción, en franca recesión por la ausencia de capitales para financiar nuevas obras, públicas o privadas. En este momento, se estima que en este renglón es en donde se manifiesta más el agobio financiero extendido a cada una de las actividades productivas, desde la agricultura, la minería y la ganadería hasta la industria pesada. La crisis salta a la vista.

Ahora bien, ¿de dónde saldrán los casi ocho billones de pesos –de los cuales un billón 500 mil pesos se destinará “al sureste”, otra de las lamentables puertas de entrada del narcotráfico-, para incorporarlos a la economía formal, creando empleos y estableciendo nuevas metas de crecimiento, esto es hasta dos puntos porcentuales –como si, de verdad, fuera tan sencillo captar esta cifra y hacerla efectiva en la praxis-, precisamente cuando la recesión vuelve a atacarnos con enorme fuerza? Esta es la cuestión pendiente para resolver al igual que el acucioso cuestionario del cineasta Alfonso Cuarón que se volvió “viral” en las redes sociales comprometiendo una respuesta que no llega aún.

Por supuesto, todas estas estadísticas y pronósticos, no parecen ir acordes con los hechos sucintos. Y es esto lo que mantiene a la comunidad nacional en un virtual estado de alerta, susceptible de creer cuanto leen a través del mundo cibernético, los más de quince millones de usuarios que existen en el país y observan que reglamentar este espacio atentaría contra la libertad de expresión plena. Lo haría, desde luego, si ello deviene en un espionaje grotesco y no sirve para frenar a la delincuencia cibernética, desde pederastas hasta terroristas en potencia, sino para perseguir a los críticos y anular presuntos liderazgos naturales.

Debate

La cinta sobre el líder social, César Chávez, dedicado a la pizca en California en su condición de campesinos, y cuyo movimiento vindicatorio de los derechos de los inmigrantes en los Estados Unidos logró más que cuanto se ha hecho a través de los sinuosos intercambios diplomáticos –los más inútiles-. El hombre, primero con un puñado de indignados agricultores que eran explotados de manera inmisericorde sin derecho o ley alguna que los protegiera, fue capaz de llamar la atención mundial sobre la esclavitud disfrazada en el sur de la Unión Americana, si bien, por desgracia, las condiciones de los explotados no ha cambiado gran cosa desde entonces… aunque, demagógicamente, sostengan lo contrario los emisarios de la Casa Blanca.

Chávez no se arredró, pese a las afrentas sufridas incluso por su familia que nunca claudicó, y mantuvo intacta su fuerza moral contra la represiva, indignante, cuando todavía miles de negocios, desde restaurantes hasta almacenes, mantenían a sus puertas el aviso racista:

“No dogs, no mexicans, no negros”.

Este columnista, de niño, deseoso de tomar una malteada de chocolate en una de esas cafeterías plateadas que parecían vagones de ferrocarril -¡cómo me gusta viajar por tren!-, debió detenerse, a un movimiento de mi padre, cuando nos topamos con la prohibición indignante, vejatoria. Sentí asco pero nada dije entonces, aunque, por dentro, la flama de la conciencia comenzó a encenderse. Entendí, y esa fue una enorme lección, con las lágrimas en los ojos y un fuerte impulso a rechazar cualquier forma de discriminación. Años más tarde viajaría por Estados Unidos sin tener que bajar la cabeza ante nadie… pero me dolía saber que mi situación era, más bien, privilegiada al compararla con la de cientos de trabajadores llamados “indocumentados” que no bebían malteadas sino cafés hechos con los residuos de los que tomaban los patrones deshumanizados. Todavía me avergüenzo por ello.

De allí la importancia de asomarse al balcón para comprender lo que hizo un solo mexicano digno, incluso a costa de su propia vida brutalmente deteriorada. Sólo así pueden, de verdad, cambiar las cosas. También entre los operarios mentirosos de la Casa Blanca.

La Anécdota

Con la parafernalia montada para descalificar la canonización de San Juan Pablo II –entre otras cosas por su protección al abyecto Marcial Maciel y su desinterés por aclarar la extraña muerte de su antecesor, el Papa Luciani, Juan Pablo I, a quien debiera señalarse como un mártir moderno con la misma rapidez con la cual se obsequió la súbita santidad de Wojtyla-, me permito recordar una anécdota que explica e ilustra la personalidad del ahora Papa santo y su proyección en México.

En su primer viaje a nuestro país, en enero de 1979, a pocos meses de su consagración como Obispo de Roma, el Papa Wojtyla se asombró al observar la valla humana que se extendió desde la ciudad de México hasta Puebla en donde se llevó a cabo la Convención de la Conferencia Episcopal de Latinoamérica. Discretamente, susurró al entonces delegado apostólico, Girolamo Prigione Pozzi, y preguntó:

–Todo esto es muy confortante. Pero, dígame Excelencia, ¿a qué hora trabajan los mexicanos?

Y nadie pudo contener la sonrisa.

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Web: www.rafael-loretdemola.mx

E-Mail: loretdemola.rafael@yahoo.com

NO HAY PROBLEMA MAYOR QUE LA DESINTEGRACIÓN SOCIAL. ¿QUÉ HARÍAMOS SI LOS DOS MILLONES DE COMPATRIOTAS QUE GENERAN LAS REMESAS, ESTO ES LA FUENTE DE INGRESOS MAYOR PARA MÉXICO, SON REPATRIADOS POR FALTA DE DOCUMENTACIÓN Y DE DERECHOS ASISTENCIALES?¿QUÉ HARÍA EL SUPERIOR GOBIERNO PARA FRENAR LA OLEADA DE PROTESTAS, PRIMERO, Y ACASO LA REBELIÓN, DESPUÉS? PARECIERA QUE NADIE SE DA CUENTA DEL RIESGO INMINENTE. BASTARÍA CON UNOS CUANTOS LÍDRES DE LA MEDIDA DE CÉSAR CHÁVEZ –NO CONFUNDIR CON JULIO CÉSAR CHÁVEZ, EL BOXEADOR TAN CERCANO A LOS CLANES PODEROSOS-, PARA ENCENDER LA LLAMA.

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