¡Hasta la victoria siempre, Comandante!

Por Luis Manuel Arce Isaac

La Habana, 26 nov (PL) Ha muerto Fidel Castro, el centauro de la Revolución, y el mundo se estremece por un tsunami de amor planetario, sin que nadie, amigos o enemigos, puedan serle indiferente.
Ya estaba entre los grandes de la humanidad en todos los tiempos, desde los jefes rebeldes contra la esclavitud hasta los emancipadores del capitalismo salvaje. El panteón de los insignes e imprescindibles le abre sitio al lado de Marx y Engels, Lenin, Bolívar, Martí, Ho Chi Minh, el Che y Hugo Chávez, entre algunos otros.
Tenerlo 90 años entre nosotros fue un gran privilegio para los cubanos, pero también para la humanidad, por eso el universo está igualmente de luto. La mezquina muerte no lo ha vencido, como no pudo hacerlo tampoco el imperialismo norteamericano con centenares de atentados para acabar con su vida, ni los 56 años de guerra económica y bloqueo para doblegarlo.
Fidel trascendió su época con su monolítica ideología, su concepto de patria, su fidelidad y amor al prójimo, su raigal internacionalismo elevado a la máxima potencia por médicos y educadores, y como paladín de la batalla de ideas en la que se cimienta la Revolución triunfante.
Es que los sietemesinos de alma y cerebro no entienden que la ideas, cuando son de verdad y sus raíces se afincan en lo más profundo de las entrañas del ser humano, no hay fuerza capaz de arrancarlas por diabólica que sea. Martí lo dijo: trincheras de ideas valen más que trincheras de piedra, y Fidel lo confirmó.
Quien no lo crea, recuerde este concepto con el que abre caminos hacia la eternidad:
«Revolución es sentido del momento histórico; es cambiar todo lo que debe ser cambiado; es igualdad y libertad plenas; es ser tratado y tratar a los demás como seres humanos; es emanciparnos por nosotros mismos y con nuestros propios esfuerzos; es desafiar poderosas fuerzas dominantes dentro y fuera del ámbito social y nacional; es defender valores en los que se cree al precio de cualquier sacrificio; es modestia, desinterés, altruismo, solidaridad y heroísmo; es luchar con audacia, inteligencia y realismo; es no mentir jamás ni violar principios éticos; es convicción profunda de que no existe fuerza en el mundo capaz de aplastar la fuerza de la verdad y las ideas. Revolución es unidad, es independencia, es luchar por nuestros sueños de justicia para Cuba y para el mundo, que es la base de nuestro patriotismo, nuestro socialismo y nuestro internacionalismo».
Fidel seguirá siendo el líder invencible e invicto por los siglos de los siglos. ¡Hasta la victoria siempre, Comandante!

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