Costa Rica a segunda vuelta electoral

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Por Rolando de la Ribera

La Habana (PL) Por segunda vez en la historia de Costa Rica, los votantes tendrán que ir a segunda vuelta el próximo 6 de abril debido a que ninguno de los principales candidatos llegó al 40 por ciento de los votos para ganar la presidencia.

Según el Tribunal Supremo de Elecciones (TSE), Luis Guillermo Solís, del centrista Partido Acción Ciudadana (PAC), ganó el 30,09 por ciento de los votos, y un 29,6 por ciento obtuvo Johnny Araya, del neoliberal Partido Liberación Nacional (PLN).

Luego figuran José Maria Villalta, del izquierdista Frente Amplio (FA) con 17,1 por ciento; Otto Guevara, del derechista Movimiento Libertario (ML) con 11.21 y Rodolfo Piza, de la centroderechista Unidad Social Cristiana (PUSC), con 6.06 por ciento.

Ahora los dos candidatos más votados tendrán que ir a balotaje y obtendrá el triunfo el que más votos logre cosechar en otra jornada que puede estar marcada por el abstencionismo, el cual en esta ocasión llegó al 31 por ciento de los electores.

Actualmente el TSE realiza un conteo manual de votos que debe durar dos semanas porque la Ley Electoral establece ese procedimiento cuando la diferencia entre los dos más votados es inferior al dos por ciento.

Héctor Fernández, director del Registro Electoral de Costa Rica, dice que nunca se ha llegado a una diferencia de 0,5 por ciento entre el conteo manual de votos y los resultados preliminares, por lo cual se ratificará ir a segunda vuelta.

Araya no ha querido hacer muchos comentarios sobre estos resultados, aunque podrá vivir una experiencia similar a la de su hermano Rolando, otro candidato del PLN que en el 2002 perdió en segunda ronda frente a Abel Pacheco, del PUSC.

Uno de los principales asesores del PLN, Walter Coto, reveló que Araya no sólo falló en su intención de triunfar en primera vuelta, sino que esperaba contender con Villalta en segunda vuelta y nunca esperó enfrentar a Solís.

Resultó una sorpresa que el aspirante del PAC fuera el más votado pues era casi desconocido hasta hace pocos meses, y a principios de enero las encuestas lo ubicaban en cuarto lugar y le daban sólo cinco por ciento de la intención de voto.

Solís, un disidente que renunció al PLN en 2005, se integró recientemente al PAC, surgido hace 13 años al calor de la lucha contra la corrupción y a favor de la redistribución de la riqueza.

La lectura de algunos politólogos es que, ante la corrupción gubernamental, la conservadora sociedad costarricense decidió castigar al PLN, pero optó por la opción más moderada, antes de aceptar una propuesta de la izquierda.

Eso explica por qué el historiador Solís también ha sobrepasado en intención de votos a Villalta, una figura que todas las encuestas de los últimos meses daban como el casi seguro rival de Araya en una segunda vuelta.

Al reconocer los resultados electorales, Villalta comentó que contra él y su partido, toda la derecha desató una brutal campaña de miedo (la cual incluyó amenazas de muerte) que a la larga favorecieron la opción del centrista PAC.

Dijo que sin embargo la nueva realidad política no se la brincará ninguna campaña de miedo y recordó que en vez de uno, ahora el Frente tendrá nueve legisladores y eso marcará un nuevo equilibrio en el Congreso.

En esta elección ocurrió que por primera vez en medio siglo, un partido no tradicional gana tantos votos en Costa Rica, aunque el porcentaje obtenido obligue a ir a una segunda vuelta.

Con vista a esa nueva elección del 6 de abril, Solís y Araya han iniciado ya una carrera en busca de alianzas con otros partidos y tendrán que poner en ello toda su habilidad negociadora.

Según dijo a la prensa el analista Manuel Rojas, el PAC reúne a fuerzas de centro, algunas inclinadas a la izquierda y otras a la derecha, que no lograron comulgar con el Frente Amplio para acudir en coalición a las elecciones.

Villalta comentó ante sus simpatizantes que la segunda ronda será entre la derecha que roba y la que no lo hace, en tanto Solís prometió gobernar con sensatez y dijo que tiende la mano a todos los que quieran una política distinta.

El tercer lugar ocupado por el Frente Amplio es el mejor resultado electoral de la izquierda costarricense en mucho tiempo y, a la vez, una alianza con esa fuerza y el voto de sus simpatizantes pueden ser decisivos para el PAC en la segunda vuelta.

Además de la crisis de los partidos tradicionales que antes se sucedían en el poder, esta elección fragmentó más el Congreso, donde el nuevo presidente que sea electo tendrá que recurrir al diálogo y a la concertación para gobernar.

Los comicios dejaron 18 escaños al PLN, 14 al PAC, nueve al FA, ocho al PUSC, tres al ML, dos de Renovación Costarricense y uno per cápita a los minoritarios Accesibilidad Sin Exclusión, Restauración Nacional y Alianza Demócrata Cristiana.

La Asamblea Legislativa de Costa Rica cuenta con 57 escaños y, para que un partido político pueda predominar con mayoría simple, al menos debe contar con 29 diputados y con 38 para mayoría calificada.

Frente a ese panorama, Solís y Araya admitieron la necesidad de dialogar con otras bancadas y establecer alianzas. También concordaron que esa será la única manera de aprobar las leyes que procurarán impulsar en el parlamento.

Para Solís, el porcentaje logrado por las diferentes fuerzas de oposición, el cual supera el 60 por ciento, es una señal clara de que el país quiere un cambio, tras ocho años del PLN en el poder.

Según analistas, los cambios en la configuración política se deben en parte a la crítica situación económica sufrida por Costa Rica durante el gobierno de Laura Chinchilla, considerado el más impopular en los últimos 20 años.

Esa nación exhibe hoy una deuda pública que equivale a 50 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB), ocupa el primer lugar en el índice de crecimiento de la desigualdad y el 20 por ciento de la población vive en la pobreza.

En ese escenario resulta curioso que las dos fuerzas políticas que se medirán en la segunda vuelta tengan similares propuestas económicas, observó el analista Juan Carlos Hidalgo, citado por el sitio digital crhoy.com.

Según esa fuente del Centro para la Libertad y Prosperidad Global Cato Institute, no existirá un cambio radical en las políticas económicas del país, cualquiera que sea el que llegue a la silla presidencial.

Ambos partidos cuentan con ideas muy similares: proponen más impuestos, más gasto, continuar con el proteccionismo agrícola y contar con una política cambiaria discrecional que ayude al sector externo de la economía, afirmó.

Sobre zonas francas e inversión extranjera, Araya no hará ninguna modificación al régimen actual, mientras Solís dice que no piensa cambiar las reglas a las empresas ya establecidas, pero buscará impuestos adicionales a las nuevas.

Ante el elevado déficit fiscal que tiene el país (el más alto en los últimos 20 años), ambos están dispuestos a aumentar impuestos. Araya dice que los aplicará inmediatamente, pero Solís piensa implementarlos en dos años.

Si el PAC demora dos años en aumentar impuestos, debe de contener el gasto, sin embargo se contradice porque promete gastar más en cultura, ciencia y tecnología, en pensiones y subsidios, razonó Hidalgo.

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