Esperanza inquebrantable

Guillermo Robles Ramírez
Por Guillermo Robles Ramírez

México, país rico en cultura, historia, recursos naturales, ecosistemas y creencias, nos hace destacar entre otros países. Pero sobre todo a lo que se refiere las creencias, la religión, la fe son matices que a diferencia de muchas naciones están llenos de mitos, leyendas y milagros.

Solo por mencionar uno de ellos, ahí tenemos a San Juan de los Lagos corresponde exactamente a la topografía de Jalisco que se lee en los libros como una zona de mesetas y hondonadas.

Para ejemplo, la Basílica de la Virgen de San Juan, la principal joya arquitectónica de la ciudad, aparece de repente en medio de una pronunciada depresión, a la cual se llega a través de callejones repletos de comerciantes de cajeta, dulces de coco, imágenes religiosas, prendas tejidas, joyería amarilla de portafolio y en el colmo de la fe milagrosa de cinco o diez pesos.

Sin embargo, todo ese comercio que parece salido del pasaje de la Biblia en el que llega Jesús y corre a latigazos a los mercaderes, termina justo en el atrio de la imponente Catedral, mismo que a manera de límite pone fin a la vendimia terrenal y da paso al encuentro con la fe.

Luego del pronunciado descenso caminando y sorteando a las vendedoras de caja, quienes a manera de tentación ofrecen en la compra de dulces la entrada de la Catedral de San Juan, una iglesia construida al estilo Barroco en 1732, que actualmente es el lugar de reunión de millones de peregrinos y cuyo auge comercial data de 1960, cuando según mencionan los folletos turísticos.

A manera de una publicidad de todo un circo la fama de San Juan de los Lagos como lugar religioso traspasó fronteras siglos atrás, cuando un cirquero, cuya hija fue beneficiada por el primer milagro oficial, según las autoridades eclesiásticas en pro la Virgen de San Juan, se convirtió en el principal publicista de esta santidad.

Según cuenta la historia religiosa del lugar, este primer milagro ocurrió cuando la Virgen resucitó a la hija de un volatinero que al practicar un acto circense cayó atravesada por estacas y murió, la cuidadora del templo, una anciana de nombre Ana Lucía, que le tenía mucha fe a la Virgen, puso la imagen sobre el pecho de la niña amortajada y ésta resucitó.

El padre de la niña, en agradecimiento pregonó por todos los lugares que recorría el suceso y así empezó la tradición de visitar a la milagrosa imagen. No obstante, este suceso es totalmente desconocido por los peregrinos actuales, pues ignoran cuál fue ese primer milagro que hizo la Virgen, cuya fe es la que los mueve a viajar doce horas sólo para ir a verla.

La Virgen de San Juan fue hecha por indios tarascos de Michoacán en el año de 1521, luego un religioso regaló al templo católico esta pequeña estatua de la Virgen de la Concepción y hecha de corazón de la caña de maíz.

San Juan de Los Lagos es una de las ciudades más importantes en la religión de los altos de Jalisco, atrae visitantes todo el año. Así luego de renovar la fe, que al parecer es contagiosa a través del aire que se respira al entrar a la Catedral, mismo aire que expiran y aspiran los que van de rodillas por el pasillo central, aire que se mezcla con el humo de las veladoras, el olor de las flores y el aire que mece una a una las ofrendas, los rizos de pelo, las trenzas, la ropa de bebé, las cartas, las fotos, en fin de las expresiones de la fe, de la gente que con sólo creer le basta, sin importarle que en el fondo se está comercializando, más no obstante la firmeza de encontrar una luz que permite ver como la esperanza para resolver todo aquello que resulta como imposible terrenal se solventa con un poco de fe y el poder de la oración.

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