Combaten demócratas y republicanos por elecciones

La Habana.- (Prensa Latina) Demócratas (azules) y republicanos (rojos) dominan la compleja geografía electoral de Estados Unidos, donde el ganador de las presidenciales no se elige mediante voto directo sino a través de delegados.


Por diferentes circunstancias políticas, económicas, sociales o culturales, hay regiones en ese norteño país que tienden a votar más por uno u otro bando, aunque no todo es tan inmutable.


La victoria de Donald Trump en 2016 demostró que ante discursos de corte populista, había estados, especialmente aquellos considerados bisagra por la tendencia a cambiar de manos de forma habitual, que podían decidir quién llegaba a la Casa Blanca.


Pero también hay otras realidades que crecen de forma soterrada: en los estados del sur y oeste, la comunidad hispana representa cada vez mayor proporción de la población, y este es un perfil con clara tendencia a votar demócrata.


Los demócratas controlan los estados de la costa oeste, como California, Oregon y Washington, con grandes metrópolis modernas y dinámicas, y numerosas minorías permeables al planteamiento de ese partido, aunque amplios espacios rurales del interior sean conservadores y voten republicano.   

La geografía electoral demócrata sobre Estados Unidos controla también en la costa este regiones como Nueva Inglaterra con la singularidad de Nuevo Hampshirea”, y toda la conurbación urbana que va desde Boston a Washington pasando por Nueva York, Baltimore o Filadelfia.


Son también dominantes en el hispano Nuevo México â”el único estado donde el español tiene el mismo estatus que el inglés”, y cada vez más en Colorado, cuya geopolítica está cambiando con la llegada de más hispanos y jóvenes profesionales a ciudades como Denver, Boulder, Pueblo o Colorado Springs, cada vez más cosmopolitas y globalizadas frente a un mundo rural más conservador.


En el Medio Oeste los demócratas tienen su feudo de Minnesota, que opta ininterrumpidamente desde 1976 por presidentes de esa tendencia política.
Los republicanos, por su parte, controlan mayoritariamente el interior y el sur: zonas muy religiosas de los mormones y bautistas sureños y de blancos anglosajones que deciden por mandatarios de esa fuerza desde 1968.


Otros lugares como Florida u Ohio, donde chocan diferentes realidades sociales, no se suelen inclinar claramente por un partido u otro, y el ganador lo suele conseguir por un estrecho margen: ello coloca a esas áreas  en el centro de la batalla electoral.


El crecimiento demográfico de las minorías étnicas, y sobre todo de los hispanos, junto con la deslocalización tecnológica desde California a otros estados del suroeste con precios más competitivos, buen clima y mano de obra hispana barata para trabajos subcontratados -atractiva para jóvenes liberales muy cualificados- amenaza con inclinar Arizona y Texas, hasta ahora muy conservadoras, hacia los demócratas.


Si bien los demócratas resisten en Illinois gracias al peso demográfico de Chicago, van perdiendo terreno en Míchigan, Wisconsin, Ohio y Pensilvania.


Estos territorios le entregaron al magnate republicano la presidencia hace cuatro años, y nuevamente ayudarán a decidir los comicios del 3 de noviembre, en opinión de los especialistas.


Entonces, el mensaje de revitalización económica del aspirante a jefe de Estado ganó muchos votantes blancos de clase trabajadora que habían elegido al demócrata Barack Obama en 2012; ahora esos hechos pueden cambiar.


Sondeos de Reuters/Ipsos realizados entre el 9 y el 13 de octubre mostraron que el 50 por ciento de los probables votantes de todo el país sienten que el candidato demócrata, Joe Biden, manejaría mejor la respuesta a la pandemia, en comparación con el 37 por ciento de Trump.


Asimismo, las encuestas de opinión en Pensilvania, Ohio, Michigan y Wisconsin muestran inclinación hacia Biden.


Otras pesquisas muestran que el exvicepresidente de Obama empata con Trump en Ohio y le gana en Pensilvania, Michigan y Wisconsin, aunque por márgenes más estrechos que la ventaja de dos dígitos del candidato demócrata en todo el país.


De acuerdo con el analista Pablo Pardo, a muchos residentes de esa zona estadounidense les gustaba la filosofía comercial proteccionista del presidente, la fuerte defensa del derecho a portar armas y la postura de línea dura sobre la inmigración.


Dichos asuntos ayudaron a Trump a ganar condados como Trumbull por unos seis puntos porcentuales y Northampton por unos cuatro puntos porcentuales.


Empero, las entrevistas de medios como el diario The New York times o los testimonios de corresponsales extranjeros que fueron hasta los condados de Trumbull y Northampton revelaron una profunda frustración con Trump por haber minimizado la enfermedad y por no usar mascarilla de manera consistente.


En el Sur, el cinturón del algodón “un eufemismo para hablar de la antigua región esclavista donde a día de hoy se concentra la población negra—, o cinturón negro, votó tradicionalmente a los demócratas, aunque su voto no sirvió para dar la victoria al partido del burro en sus estados debido al peso demográfico de los sureños blancos.


No obstante, la difusión urbana desde Washington ya ha sido suficiente para que Virginia vote a presidentes demócratas desde 2008.


Además, la creación de un “nuevo Sur”, con grandes metrópolis que atraen industrias tecnológicas y mano de obra cualificada, como Atlanta, Raleigh y Charlotte, y especialmente a la población negra que se encontraba en las antiguas regiones industriales en declive de los Grandes Lagos, pueden hacer que estados como Georgia y Carolina del Norte pasen a ser nuevos feudos demócratas.


El retroceso republicano en los estados meridionales se compensa con su avance en el Medio Oeste, pero las dinámicas de voto van marcando cada vez un país más dividido.


En este sentido, el color de los estados se vuelve crucial para la elección.
Cada uno entrega la totalidad de sus votos a un solo candidato, por lo que conseguir estados como Florida, que cuenta con 29 votos, se torna crucial para los partidos.


Massachusetts y Vermont votan de forma casi inamovible al candidato demócrata, mientras que otros, como Wyoming y Alabama, al republicano.

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