Tlaxcala, uno de los grandes atractivos del México prehispánico

Por Luis Manuel Arce

México (Prensa Latina) Tlaxcala es el estado más pequeño de México pero uno de los de mayor riqueza arqueológica del país. Enclavado en el este, alberga a un millón 272 mil 847 habitantes en apenas cuatro mil 16 kilómetros cuadrados, lo cual lo convierte en el tercero más densamente poblado a pesar de ser el quinto menos habitado.

Su cercanía a Ciudad de México favorece su turismo hacia Cacaxtla-Xochitécatl, Ocotelulco, Tizatlán y Zultépec-Tecoaque, que son los cuatro sitios arqueológicos abiertos al público, considerados entre los más importantes de las culturas originarias en la vasta región prehispánica que incluye a Guatemala.

El auge socioeconómico y cultural de esos lugares se dio en el periodo epiclásico entre los años 650 y 900 de nuestra era, y preserva vestigios de haber sido un territorio privilegiado porque fue un punto de contacto entre Mesoamérica y Europa en el siglo XVI.

Los estudios realizados demuestran que Cacaxtla-Xochitécatl es la zona arqueológica más temprana en cuanto a temporalidad, y que su poderío le abrió el camino a una hegemonía política, militar y económica en gran parte del valle poblano-tlaxcalteca después de la caída de Teotihuacán y Cholula.

Se trata de un sitio que se distingue por lo que se ha denominado El Gran Basamento, un complejo arquitectónico de estructuras superpuestas en el que se conservan elaboradas muestras de pintura mural, distribuidas en los espacios conocidos como Templo de Venus, Templo Rojo, Mural de la Batalla y Pórtico A.

Hay otros dos enclaves prehispánicos en las zonas arqueológicas de Ocotelulco y Tizatlán, más cercanas a la época actual pues datan del periodo posclásico que se ubica entre los años 900 y 1521 y cuyos vestigios hoy permiten reconstruir la complejidad política y social que existió en la antigua Tlaxcala, según arqueólogos e historiadores.

Ocoteluco, por su parte, se ubica a un costado de la parroquia de la comunidad de San Francisco Ocoteulco. Entre sus ruinas puede apreciarse un edificio de tres fases constructivas. En la más antigua de estas, como es la fechada que data de los años 1400 y 1450, se alza un altar policromo con forma de prisma trapezoidal, el cual ha sido ampliamente estudiado dada la riqueza de su decorado tipo códice y su vinculación con Tezcatlipoca, el dios de la providencia, de lo invisible y de la oscuridad.

A su vez, la parcela de Tizatlán desciende política y socialmente de Ocotelulco, ya que, de acuerdo con estudios históricos, habría sido fundada por descendientes de Tzompane, un caudillo que se rebeló ante el señorío de Ocotelulco y estableció su propia comunidad.

Tizatlán Su nombre viene del origen náhuatl que significa “lugar de la tiza” y lleva ese nombre a raíz de que en las inmediaciones de la zona existieron yacimientos de tiza que hasta hace algunos años eran explotados. Este yacimiento fue ocupado por un grupo de habitantes del señorío de Ocotelulco.

En su estructura principal resguarda algunos altares policromos que muestran elementos pictóricos en sus caras oriente, poniente y sur mientras que la norte queda empotrada a una columna de planta semicircular.

Los altares tienen la representación de Mictlantecuhtli (dios del inframundo y de los muertos), de Tezcatlipoca (dios de la providencia, de lo invisible y de la oscuridad) y Camaxtli (dios de la caza, de la guerra, la esperanza).

Esta es una de las pocas zonas arqueológicas en las que se puede observar el uso de los modernos ladrillos que recubren la estructura principal. La zona arqueológica se encuentra en la zona de San Esteban Tizatlán, muy cerca de la ciudad de Tlaxcala.

Documentos de investigadores señalan que de ese nuevo asentamiento provenían Xicoténcatl “El Viejo” y Xicoténcatl “El Mozo”. El primero recordado por su alianza con las fuerzas militares de Hernán Cortés, determinante para la Conquista de México-Tenochtitlán, y el segundo, a la inversa, se destacó por su férrea oposición a la presencia hispana y las negociaciones de su padre con Cortés, lo que derivó en su ajusticiamiento en Texcoco, hacia mayo de 1521.

La cuarta zona arqueológica de Tlaxcala es Zultépec-Tecoaque, un pueblo que, pese a que también data del Posclásico, no pertenecía a la llamada confederación de señoríos, la cual entabló contacto con los españoles en 1519. Se trataba de un poblado acolhua sujeto al reino de Texcoco, integrante de la Triple Alianza con Tacuba y Tenochtitlán, y operaba como un puesto frontera del poderío mexica en la región donde iniciaba el territorio de los tlaxcaltecas.

Está corroborado arqueológicamente que a mediados de 1520 en Tecoaque los acolhuas (que en lengua náhuatl significa esforzados) capturaron una caravana de aliados de Hernán Cortes, de al menos 350 personas (hombres y mujeres de origen español, negros y mulatos, taínos e indígenas tlaxcaltecas y totonacos) y diversos animales, a los cuales sacrificaron y consumieron ritualmente.

Se han hallado evidencias de la que pudo ser la última ceremonia de la urbe prehispánica: figurillas de deidades, braseros ceremoniales, restos humanos y, en especial, el segmento de una pata de caballo, la cual confirmó que los restos son de la época del contacto con los españoles. En el continente no había ese tipo de animales.

Según los historiadores, en castigo a la captura de su caravana, Hernán Cortés designó a Gonzalo de Sandoval para que acudiera a Zultépec a destruir la ciudad, lo cual fue verificado por el alguacil mayor del conquistador. Los habitantes en su mayoría huyeron, no sin antes resguardar sus deidades en depósitos que, ahora, son devueltos a nuestro tiempo por los arqueólogos mexicanos. En este sitio sobresale su pirámide circular dedicada a Ehécatl, deidad del viento.

Tecoaque, en Sultepec, permitió el control y flujo de diversas mercancías, desde productos agrícolas hasta suntuarios tanto para Teotihuacán como para Texcoco.

Se considera que en estos templos fueron sacrificados españoles, mestizos, mulatos y hasta negros que integraban la caravana de Cortés mencionada que los acolhua capturaron en 1520. Es un sitio lleno de historia que se encuentra al norte de Tlaxcala en el municipio de Calpulalpan.

El lugar fue durante el periodo Clásico y hasta la llegada de Hernán Cortés el principal señorío de Tlaxcallan, debido a que aquí vivía Maxixcatzin, señor de la región. Además, fue uno de los principales pueblos de la confederación tlaxcalteca. Lo que más se destaca de esta región es su cerámica que está identificada como policroma o de tipo Códice, ya que en su diseño aparecen personajes que están en el Códice Borgia.

Este lugar se encuentra a tan solo un kilómetro de la ciudad de Tlaxcala-Cacaxtla. Esta zona arqueológica fue fundada por la cultura olmeca-xicalanca, en donde se pueden apreciar bellos murales que muestran la riqueza de esta cultura.

Cacaxtla representa un punto estratégico para controlar el paso de la ruta comercial entre Teotihuacán y las tierras bajas del Golfo por las que se llegaba a Tabasco y Campeche, destinos determinantes para su crecimiento y esplendor.

Se destacan los murales de la zona arqueológica en donde quedaron plasmadas historias de mar, batallas, hombres, aves, mazorcas, humanos, estrellas y serpientes.

Todas las pinturas están realizadas con el color de los pigmentos del caolín, la obsidiana, la cal y otros minerales de la región.

Cacaxtla se encuentra en la región de Nativitas y para llegar ahí se debe de tomar la autopista México-Puebla y desviarse en San Martín Texmelucan.

Sin lugar a dudas Tlaxcala es uno de los mejores atractivos del México prehispánico.

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