Reforma de ilusiones: Atletismo

La Habana, 21 feb (Prensa Latina) La vida es un juego de retos y cada nivel requiere eludir obstáculos rumbo a la meta.


Eso lo sabe Francine Niyonsaba, fondista de Burundi que pasará a correr los 5000 metros en un acto de resiliencia debido a las reglas de hiperandrogenismo impuestas por la World Athletics.


El organismo rector del campo y pista fue armado hasta los dientes contra aquellas mujeres que presentan niveles de testosterona superiores a los cinco nanomoles por litro en sangre. ¿La decisión? Ninguna atleta con tales características sería aceptada en pruebas desde los 400 metros hasta la milla, sin obviar la vuelta al óvalo con vallas.

Algunos apoyaron el fallo, otros todavía lanzan improperios y enarbolan el término «discriminación».


Entretanto, Niyonsaba, plata olímpica de los 800 en Río de Janeiro 2016, intenta franquear el cerco y dar sentido a sus ilusiones en un año olímpico inédito en la era de la Covid-19.


Los disparos de la entidad hirieron a la burundesa y tres opciones emergieron en la superficie: cambiar de distancia, medicarse para disminuir su nivel de testosterona o dejar de competir. Ninguna favorable a su realidad, pero debió elegir en medio de la cacería de brujas.


Incluso, en pos de mantenerse en la elite de su prueba predilecta -los 800-, el proceso clínico parecía una opción viable; pero aquí surge un detalle chocante: es imposible no doparse al rebajar la producción natural de esa hormona, porque se logra con fármacos opioides o betabloqueantes.}


Por eso resulta llamativo que la World Athletics insinúe (obligue) usar sustancias prohibidas por la Agencia Mundial Antidopaje, cuando disputa otra guerra contra los «tramposos» en pos de obtener un «deporte limpio».


«Yo no elegí nacer así. No cambiaré»
, espetó la doble reina del orbe bajo techo (Portland 2016 y Birmingham 2018) en una entrevista con el Canal Olímpico. Pero a la principal casa del atletismo no le interesa el descrédito ni el precio de sus sanciones: sigue con alma de verdugo y lista para perder en su afán de victoria.

Mientras el trance adquiere más notoriedad, otra condenada, la sudafricana Caster Semenya, pretende mostrar su potencia en los 200 metros. Una estrategia diferente a la de Niyonsaba, aunque sus circunstancias sean muy similares.


Todo ello sucede a pocos meses de unos Juegos de Tokio aferrados a la esperanza entre el escepticismo global.

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